Memorial a víctimas

Arnoldo Kraus

El 11 de noviembre, en la primera página, EL UNIVERSAL destacaba la noticia siguiente: “Erige FCH polémico memorial a víctimas”. Arriba se leía “Cifran en más de 22mdp costo de la obra edificada en el DF”. Debajo del encabezado, el periódico advertía: “Activistas critican monumento que será inaugurado el 26 de noviembre”. Una fotografía acompañaba a la noticia: entre árboles se observan algunos muros y una grúa. El pie de la fotografía advertía: “El monumento consta de muros de acero inoxidable en los que podrán escribirse con un plumón especial los nombres de los fallecidos por la lucha anticrimen”.

Primer resumen (objetivo): el Memorial representa una idea gubernamental rechazada por sectores de la sociedad, así como una cuantiosa erogación monetaria en espera de las palabras de los familiares de las víctimas. Segundo resumen (no objetivo): Felipe Calderón y los miembros de su gobierno pretenden resarcir y mitigar el dolor de las 60 mil personas asesinadas durante su gobierno por medio de un Memorial a las víctimas. La idea es errónea. Al Presidente y a sus asesores les sucederá lo mismo que a Vladimir y Estragón, personajes de la obra Esperando a Godot, de Samuel Becket: Godot nunca llega a la cita. Los vladimires y los estragones del gobierno mexicano aguardaran en vano. El proyecto está condenado al fracaso. Los plumones especiales se secarán o se perderán (debo agregar: o serán robados).

La nota de EL UNIVERSAL no explica el origen de la iniciativa. No se sabe si fue Felipe Calderón el mentor o algún asesor. No fueron los deudos quienes solicitaron esa “compensación”. Al cerebro, o a los cerebros, generador de la idea le fallaron algunas neuronas. Sobresalen dos aberraciones. Primera. Los memoriales se erigen cuando el problema terminó, y/o cuando los responsables de la violencia fueron castigados, muertos, defenestrados o admitieron su culpabilidad. Los memoriales no se levantan mientras el problema sigue vigente, como sucede en México, y, menos, en los terrenos de la Secretaría de la Defensa Nacional. Segunda. A partir de la guerra antinarco, decretada por Felipe Calderón, se calcula que 60 mil personas han muerto y 10 mil han desparecido. Algunos familiares de los muertos y de los desaparecidos han solicitado del gobierno audiencias y explicaciones; las respuestas no han sido adecuadas (absurdas sí). Para los deudos y los muertos la edificación de un memorial con el fin de honrarlos raya en lo ridículo. El dolor no resuelto —no hay peor infierno para una persona que convivir con la idea de un familiar desaparecido—, y la irresponsabilidad gubernamental por no haber asumido la responsabilidad de cada uno de los muertos o desaparecidos, sobre todo de aquellos que perdieron la vida no por estar en el lugar no equivocado (su casa, su calle, su historia), ni en tiempo inadecuado, no sana con memoriales; quizás mejoraría, o se vislumbrarían esperanzas con menos aberraciones políticas. El Memorial no curará a los deudos, no brindará paz, no significa perdón; mínimas o nulas serán las palabras en los muros de acero godotianos.

Al igual que leer y conocer, aunque no se apersone, al Godot de Beckett, a los asesores, antes de dilapidar 22 y más millones de pesos, les hubiera convenido reflexionar en los significados del término responsabilidad (eso piden a gritos los deudos y a eso apelan iniciativas como la de Javier Sicilia). Responsabilidad deriva del verbo latino spondeo, que significa, “salir garante de alguno en relación a algo y frente a alguien”. Antaño, durante el matrimonio, la palabra spondeo implicaba el compromiso del padre de entregar a su hija al pretendiente; si el evento no se llevaba a cabo el progenitor debería ofrecer una reparación. De ahí que la acción de asumir responsabilidad sea un acto jurídico, no ético, acto no asumido por el gobierno actual.

En su primer informe de gobierno Calderón dijo: “hemos emprendido una lucha frontal contra la violencia y el crimen organizado… esta será una batalla larga y difícil, que tomará mucho tiempo, implicará enormes recursos económicos y, por desgracia, también costará vidas humanas”. Ese esbozo de responsabilidad se esfumó en su último informe de gobierno: Calderón no habló del costo de las vidas humanas.

El Memorial a víctimas no es jurídico, pretende ser ético, erigido cuando la tragedia de nuestra nación sigue vigente, inaugurado —se dice que el 26 de noviembre se cortará el listón—a destiempo, minutos antes del fin de Calderón, edificado en terrenos non gratos, construido con demasiados millones de pesos, sin spondeo y con todos los incontables Godots de la política mexicana circulando a nuestro lado, es una aberración inmensa.

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