Luis Estrada: se solicita complot

Juan Manuel Badillo

El mensaje del cineasta Luis Estrada a los medios de comunicación es claro: se solicita complot contra una película que habla del presidente de México, sin hablar de él, de la televisión, sin decir que es Televisa, y de los políticos corruptos.

Para este director, urge escándalo para revitalizar una parodia como la Dictadura Perfecta, que hace escarnio de toda la política nacional durante tres sexenios por lo menos y sin cortes comerciales.

Estrada se la ha pasado pidiendo un poquito de censura “por el amor de Dios, para este pobre cineasta”, que no es que quiera, pero debe ser un “niño héroe del Cine Mexicano”.

“La verdad, debo ser medio pendejo, porque pudiendo hacer una comedia romántica bien bonita y que me deje harta lana, en donde Damián Alcázar se enamore de María Rojo y con un montón de inversionistas queriendo entrarle al proyecto, pues no... Ahí voy yo de güey a empeñarme en hacer una sátira que critique al presidente, a gobernadores, a políticos, al Ejército, a la Iglesia, a la televisión…”. (Rogelio Segoviano, revista Domingo, de El Universal)

El director de El infierno se ha presentado como alguien que debe, por necesidad, hablar de lo que tiene que hablar, por deber cívico, por obligación moral, no por amor al arte, ni por la fama, ni por dinero.

Luis Estrada ha denostado, reiteradamente, a quien osara levantar el dedo flamígero contra su película: “Hoy por hoy, si yo sintiera amenazada la película, con un click (de computadora) la puedo poner a disposición del universo. Antes no”. (entrevista para la agencia Dpa).

Estrada asegura ser un director incómodo; más bien, un granito en el trasero de los funcionarios, políticos y corruptos. (César Huerta, El Universal)

El asunto es que de esa intriga imaginaria contra La dictadura perfecta no ha pasado nada y no pasará, y nadie quiere que pase.

La película se estrena este viernes en más de mil salas de cine y recibió clasificación B-16, es decir, que la puede ver todo aquel que ya no se coma los mocos, sin distinción de credo, partido político y estrato social.

Televisa aportó dinero para la película, aparece en los créditos, y también tiene fondos estatales, el Estado es coproductor. Paradójicamente, son ellos los dos enemigos en esta historia que mezcla realidad y ficción.

Televisa además prestó actores, porque ellos no se mandan solos y nunca muerden la mano que les da de comer. Actores como Poncho Herrera, Osvaldo Benavides, Silvia Navarro, Saúl Lizaso, Arath de la Torre, entre otros.

Videocine produce, pero no distribuye, es verdad, pero es estrategia, no torpeza.

Las denostaciones de Estrada son del tipo “si me censuran suelto la granada”, pero es maniobra, estrategia genial, calculada, precisa y muy barata, para posicionar una película. Que periodistas, algunos por tontos y otros por conveniencia, le hayan comprado la idea es otra cosa.

No es que Estrada tenga una vocación contestataria, ni que haya sido valiente por naturaleza, casi desde niño, como asegura. No señores, eso lo aprendió hace poco, hace 14 años para ser precisos, cuando el actual presidente de Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, (Conaculta), quiso detener la proyección de La ley de Herodes (1999) en el Festival de Cine Francés de Acapulco y se develó el primer intento de censura en el cine que se hizo público. Gracias a eso la película se fue a los cielos en la taquilla.

Antes de eso la sátira política en el cine mexicano no vendía, pero se puso de moda, y Estrada se especializó en un género, de viejo abolengo en la cultura mexicana.

¿Quién defendió la película en esa ocasión? Damián Alcázar, un actor de moral intachable, y Leticia Huijara, fueron ellos, en el escenario, denunciando y siendo aplaudidos por los actores franceses que no entendían nada, pero les divertía el asunto.

Luis Estrada estaba tras bambalinas y se negó a detonar el complot en los medios, a la luz pública, por miedo o por confusión, y hay testigos de esa agria discusión. 

Este viernes se estrena La dictadura perfecta y ojalá que la gente, vaya al cine, por curiosidad o por deber cívico, por lo que sea, pero que vayan, y se empiece a hablar de la película y ya no de campaña publicitaria para izquierdistas de ocasión. 

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