Los retos del futuro inmediato

Norberto Alvarado Alegría

El peso del componente inmobiliario y financiero ha jugado un papel significativo nunca antes experimentado en la consolidación de las zonas urbanas y metropolitanas de nuestro país. A partir de la década de 1990, México ha iniciado una transformación en la fisionomía de sus poblaciones, a tal grado que, en menos de un siglo, la distribución geográfica entre población rural y urbana se invirtió. Hoy, ocho de cada 10 mexicanos viven en poblaciones urbanas, solo 20% restante habita en la zona rural del país.

El éxodo de la población rural hacia las ciudades, los beneficios cuestionables de la urbanización y su impacto en las condiciones de vida de millones de personas, ha generado en casi todo el mundo occidental, un escenario de reclamo tanto al derecho a la vivienda como al más amplio derecho a la ciudad.

En México, estos movimientos poco se asoman todavía, son casi furtivos y generalmente se transforman en negocios para la izquierda institucional y sus líderes, que usufructúan por años, los asentamientos irregulares, las invasiones de tierras y los tianguis que se asientan sobre el espacio público de plazas y calles, y en la percepción colectiva se pierden en el contexto del rechazo social a la política.

Querétaro no es la excepción a este fenómeno; por el contrario, los efectos negativos de los altos niveles de migración rural y urbana es un pasivo social y económico que estamos abonando sin estar conscientes de ello.

El éxito de Querétaro va en declive, si bien es cierto que a diario llegan a la zona metropolitana un poco más de 40 familias, en promedio, y que en los años recientes Querétaro ha sido distinguido en algunos medios de análisis económico como una de las ciudades más competitivas y con mayor desarrollo, también es cierto que estos hechos solamente nos muestran una cara muy parcial, del prisma con el que podemos ver la realidad de las y los queretanos.

De una década hacia atrás, la propiedad y el uso del suelo en Querétaro y su zona metropolitana se han visto inmersos en frecuentes procesos de especulación, mucha de ella generada por las propias autoridades, que de manera artificial han aumentado catastralmente el valor de los inmuebles, con el objetivo de tener una mayor recaudación fiscal, expulsando a los sectores populares y tradicionales de las zonas más prósperas de las ciudades, hacia zonas alejadas, sin servicios y con escasa movilidad. Lejos de resolver los problemas planteados en materia de vivienda, espacio público, seguridad, empleo y movilidad, el desarrollo económico que hemos experimentado en Querétaro y sus efectos secundarios terminarán por agravar la problemática de las y los queretanos en el corto y mediano plazo.

Los mercados no hacen otra cosa que reducir las necesidades y deseos, en criterios comerciales, que tarde o temprano terminan beneficiando a unos cuantos y perjudicando a la gran mayoría. Más plazas comerciales y fraccionamientos residenciales no significan una mejor ciudad. Los retos del futuro inmediato, como el derecho a la vivienda, al transporte público, al agua, al medio ambiente sano o a la recreación, requieren una reconfiguración decisiva del espacio público y de las condiciones de acceso al mismo para las y los queretanos. El proceso del crecimiento urbano ha tenido un impacto considerable, que también ha favorecido el aumento de la delincuencia y de los conflictos urbanos, y poco a poco se alientan las demandas de una gestión represiva y punitiva de la nueva inseguridad urbana.

Por ello, el desafío de las autoridades locales que habrán de elegirse en 10 meses, es estar conscientes que tendrán que construir políticas públicas muy distintas a las hasta ahora implementadas, partiendo del plano local de una zona metropolitana que está en camino a la eclosión social y al decrecimiento económico del mercado laboral, pero sobre todo, deberán comprometerse a favor de los derechos fundamentales de los ciudadanos, del servicio público, del derecho a un desarrollo sostenible y solidario de su espacio territorial.

Por cierto, hoy cumple 10 años mi hijo Norberto Alejandro, ¡felicidades! Ojalá que su futuro y el de miles de niñas y niños queretanos sea más inclusivo, democrático, feliz y solidario.

Abogado litigante y consultor jurídico de empresas

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