Los primeros mensajes de AMLO

Arturo Maximiliano García

Histórica sin duda la jornada del 1 de julio pasado. ¿Qué hará Andrés Manuel con tanto poder?

Abogado con maestría en Políticas Públicas. @maximilianogp

 

Histórica sin duda la jornada del 1 de julio pasado. El resultado se daba por descontado aunque algunos trataban de explicar desesperadamente por qué no pasaría lo que sí pasó con teorías sacadas de su imaginación más que de la ciencia y la estadística. La enorme distancia entre AMLO y los demás fue un mensaje contundente, pero la conformación del congreso, que ya para la noche del domingo podía vislumbrarse, ratificaría el sentir de los electores. La gran incógnita era qué iría a decir el virtual presidente en su primer mensaje a la nación y también a los mercados, la cual se ha ido disipando en la primer semana.

 

¿Qué hará Andrés Manuel con tanto poder?, se preguntaban la noche de la elección algunas personas. ¿Establecería ese régimen chavista del que tanto nos previnieron los miles de artículos y mensajes compartidos en cadenas de WhatsApp? ¿Sería esa misma noche cuando se empezarían a plantear las primeras malas noticias para empresarios, industriales o para los ricos? Poco tiempo después de que reconocieron su derrota José Antonio Meade y Ricardo Anaya, el virtual ganador salió a contestar esas preguntas dando su primera conferencia en el hotel Hilton del centro de la Ciudad de México.

 

Alivio, sorpresa y hasta incredulidad serían algunas de las reacciones que iban relajando el cuerpo de todos los que se expresaron en contra del tabasqueño y quienes con preocupación vieron el ritmo de crecimiento de AMLO en los últimos dos meses de campaña.

 

El 1 de julio, en la noche, ya no estaba hablando el candidato, sino la persona que tendrá la responsabilidad de llevar las riendas del país por los próximos seis años, a quien los buenos resultados le podrían dar la trascendencia que pretende tener en la historia, pero a quien las fallas se le cobrarán muy caras ante las altas expectativas reflejadas en ese gran porcentaje de los electores que le dieron un triunfo aplastante.

 

En ese nuevo papel había que generar un mensaje a los mexicanos, pero también a quienes, sin ser nacionales, veían con preocupación la posible victoria del candidato de Morena. Para los inversionistas extranjeros, para los gobiernos con quienes México tiene negocios y para los mercados hubo una señal de prudencia y sensatez en el manejo de la economía, de la política fiscal, así como respeto a la autonomía de quien maneja hoy la política monetaria. De esta manera, aquel sobresalto en el tipo de cambio con el que amenazaron los rivales políticos de AMLO no llegó, especulación a la que se prestaron algunos analistas financieros que incluso trataron de hacer creer que la presión al peso de recientes meses tenían que ver con el crecimiento en las encuestas de López Obrador y no con la incertidumbre en la negociación del TLC, los aranceles impuestos por el gobierno de Estados Unidos o por otros factores ajenos a las elecciones, aunque sin duda los mensajes de la semana sirvieron para dar certidumbre.

 

Las acciones y anuncios de los primeros siete días de AMLO como virtual ganador también han ayudado a generar tranquilidad a los sectores económicos, como la reunión con los empresarios representados en el Consejo Mexicano de Negocios y Consejo Coordinador Empresarial, misma que se dio de inmediato, antes de que siquiera se cumplieran tres días de las votaciones. No hubo ni arrogancia del virtual ganador ni resistencia del sector productivo del país, lo que es una buena noticia. Hasta el momento, las críticas al manejo de lo que será la política económica del próximo gobierno tuvieron que esperar; confiemos que lo anunciado hasta el momento sea parte de una firme estrategia del nuevo gobierno que tanto bien le hará a México. Estamos en la luna de miel, concediendo el beneficio de la duda a un futuro gobierno que, guste o no, llega legitimado por los votos.

 

 

 

 

 

 

 

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