Los independientes electos

Juan José Arreola

Hay futuro para los independientes, siempre y cuando comprendan que su fuerza se sustenta en la comunidad, no en la burocracia o el amiguismo.

Cuantitativamente, los candidatos independientes, o, más precisamente, los que se postularon para competir en elecciones sin el registro y apoyo de algún partido político, crecieron de manera sustancial en los comicios de 2018.

Los números así lo indican. Hasta 2012, no había sido electo funcionario público alguno por la vía independiente. Surgen los primeros a raíz de la contienda electoral de 2015: un regidor independiente en el municipio de Cadereyta de Montes, otro en Corregidora y uno más en Ezequiel Montes.

El parteaguas. Sin embargo, en la votación del pasado 1 de julio que llega a su máxima expresión —hasta ahora— la presencia de estos candidatos que logran triunfar.

Son de destacarse los casos de J. Belem Ledesma Ledesma y el de José Antonio Mejía Lira, que se constituyen en los primeros presidentes municipales electos en Querétaro sin haber sido registrados por algún partido político. El primero en San Joaquín (municipio que nunca había perdido el PRI) y el otro en Tequisquiapan.

A ellos se suman 20 regidores y cuatro síndicos municipales en calidad de independientes: dos síndicos en San Joaquín y dos más en Tequisquiapan.

Por cuanto hace a los regidores, suman cinco en Tequisquiapan, cuatro en San Joaquín y dos en Cadereyta de Montes. Uno en cada municipio siguiente: Arroyo Seco, Colón, Corregidora, El Marqués, Jalpan de Serra, Pedro Escobedo Peñamiller Querétaro y San Juan del Río.

Es un crecimiento más que exponencial en el lapso de tan solo tres años, lo que conduce a intentar explicar este fenómeno político y considerar si seguirá creciendo su presencia.

Por el candidato. Los resultados muestran —en el caso de los dos presidentes municipales electos— que su presencia y peso político son indiscutibles, que en ambos municipios la gente votó por el candidato y no por un partido político en específico y, en consecuencia, que el “voto en cascada” no pesó en la participación ciudadana.

Varios regidores electos por esta vía demostraron que tienen presencia e influencia en algún sector específico de su comunidad que los llevó a ese cargo, pero que no les fue suficiente para triunfar como alcaldes. Son los casos de Juan Aristeo Ramírez (El Marqués), de María Guadalupe Alvarado (Peñamiller), el de Luis Gabriel Osejo (Querétaro) y de Antonio Juan Camacho (San Juan del Río).Luis Gabriel Osejo obtuvo en Querétaro, 21 mil 268 votos; Juan Aristeo Ramírez sumó 3 mil 177 en El Marqués; Juan Camacho recopiló en San Juan del Río mil 547 sufragios, mientras que en Peñamiller, María Guadalupe Alvarado sumó mil 388.

Los números son marginales si se comparan con los vencedores; empero, resultan determinantes si consideramos que sirvieron para llevarlos a ser parte del cabildo, que arrebataron votos a algún partido político y a su candidato, y que quizá dejaron como saldo un escenario político-electoral no previsto.

Perspectiva electoral. Este grupo de candidatos independientes electos demuestra que los liderazgos forjados en sus comunidades aún son importantes para el electorado, y que, en consecuencia, es relevante que cualquier político —con o sin apoyo de un partido político— tenga sustento social para aspirar a un cargo de elección popular.

Segundo: en ocasiones el lastre de algunos de ellos es, precisamente, los partidos políticos (como se demuestra en la elección de San Joaquín y Tequisquiapan) o que el partido político al que pertenecían estos dos alcaldes electos (al Revolucionario Institucional) se equivocó en la elección de sus abanderados pues en lugar de optar por quienes tenían asiento social, recurrió a la élite partidista para designar a sus favoritos.

Sin duda, hay futuro para los independientes, siempre y cuando comprendan que su fuerza se sustenta en la comunidad, no en la burocracia o el amiguismo. Ah, y en la construcción de sólidas estructuras que los respalden en la contienda.

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