Los habituales, los cambiantes y los nuevos

Marcela Ávila-Eggleton

El politólogo estadounidense V.O. Key Jr. publicó en 1966 un texto que se definió como “optimista con la democracia” porque parte del argumento de que las y los votantes no son tontos; planteamiento poco ortodoxo considerando que las teorías predominantes del comportamiento electoral parten, justamente, del supuesto contrario. Key divide al electorado en tres categorías: standpatter, los habituales o al menos, aquellos que mantienen su voto de una elección a otra; los switchers, o votantes cambiantes y los nuevos votantes (nuevos registros en el padrón electoral o votantes que no participaron en el proceso electoral anterior). 

Los últimos procesos electorales han modificado sustancialmente nuestro sistema de partidos. En 2012 teníamos un formato de competencia de tres partidos medianos con pesos políticos diferenciados en distintas regiones del país cuya fuerza legislativa se definía, asimismo, a partir de segmentos adicionales de votación en función de posibles alianzas. 

En 2015, el surgimiento de Morena comienza a modificar la correlación de fuerzas y para 2018, el formato de competencia se transforma. 

Los bloques y coaliciones se han modificado sustancialmente en los últimos años; en 2018 no era descabellado pensar que el descaradamente pragmático PVEM aprovecharía cualquier posibilidad para coaligarse con el partido mayoritario como en su momento lo había hecho con el PAN y el PRI pero pensar en un bloque PRI, PAN, PRD a nivel nacional hubiera requerido un mayor potencial imaginativo. Si comparamos los bloques existentes entonces y los que se formaron en 2021 encontramos que Morena y sus aliados perdieron, entre la elección para diputaciones federales de 2018 y la de 2021 3.3 millones de votos mientras que la coalición ahor opositora 4.8 millones. 

Sin duda el principal perdedor fue el PRD que entre 2018 y 2021 perdió poco más de un millón de votos; sin embargo, contrario a lo que podría pensarse, producto del resultado de la elección presidencial de 2018 y de la evaluación de la gestión de Enrique Peña Nieto, el segundo partido con más pérdida de votos es Acción Nacional, con casi 930 mil votos; casi el doble que el PRI. La votación total fue significativamente menor en 2021 que en 2018; casi 6.8 millones de votos; ello nos habla de un electorado constantemente cambiante. En términos porcentuales 2021 favoreció ligeramente al PAN, al PRI y al PVEM, esos votos, sin duda provienen, mayoritariamente, de votantes cambiantes y nuevos votantes. ¿Qué decidirán quienes emitieron esos casi 6.2 millones de votos que perdieron Morena, el PAN, el PRI y el PRD? 

Habrá que esperar a 2024 para saberlo, pero ese segmento del electorado bien podría definir el resultado de la elección presidencial y, sin duda, impactará en la correlación de fuerzas en el legislativo federal. Hay un prejuicio en pensar que el votante,  además de tonto es estático. Ciertamente, los partidos tienen grandes clientelas y segmentos de voto duro; sin embargo, ninguno ha mostrado ser invencible; ni siquiera el PRI. Valga este análisis para recordarnos que el voto de las y los ciudadanos no es patrimonio de ningún partido, sin importar la fuerza que logre alcanzar en un momento determinado.

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