Los encantos de la Casa Blanca

Vianey Arroyo

Eran  las ocho y veinte minutos de la noche del 20 de marzo; la sala estaba llena, todos en sus lugares con los  portavasos o los descansabrazos bien armados  de palomitas, refrescos y demás chácharas que son innecesarias, pero que los mexicanos acostumbramos comer en el cine para estar más entretenidos mientras vemos una película, digo por si hay algo que no nos gusta o que no lo queremos pensar. La hora prometida llegó, se apagó la luz para dar inicio al estreno de Insurgente (de la serie Divergente), la cinta que recomendamos la semana pasada, la cual creo no nos hizo quedar mal. A pesar de que algunas jóvenes insistían  en tomarle sabor a comedia romántica con risitas a la menor provocación de un comentario sarcástico de los personajes, poco a poco pudimos disfrutar de un buen filme lleno de acción, buenos efectos especiales, en donde la protagonista va madurando en su desarrollo, además de que nos deja con la duda de qué pasará en Allegiant (Leal), la tercera parte. Lo bueno es que se  puede hacer una trampa muy válida: leer antes el libro. Además, ya emocionados,  podemos echarle un ojo a la precuela Cuatro, lo mismo que las trece páginas que Verónica Roth escribió a manera de epílogo.

Pero, como ya dijimos la semana pasada, no contaremos de qué trata Insurgente. Ahora quiero traer a colación otro tema que está en boga en México, el caso de Carmen Aristegui; sin embargo, como también ya hemos dicho aquí, no hablaremos de política. De lo que tratará esta columna es de cine, literatura y periodismo. Entonces, lo que sucedió con Carmen nos recordó Todos los hombres del presidente y de eso es de lo que sí hablaremos a continuación. 

Como dijera el pedagogo y escritor Enrique Martínez Salanova Sánchez: “Todos los hombres del presidente, es una película que, al igual que el hecho y el libro en el que se basa, es un monumento a la libertad de expresión. Refleja el convencimiento absoluto de que no hay democracia sin esa libertad, y no hay estado de derecho en el que los medios de comunicación no velen por el respeto a la democracia”. Es otra de esas joyitas de la cinematografía, de las que aquí hemos venido hablando, que se hizo merecedora de cuatro Oscar, por su puesto entre ellos el de mejor guión adaptado.

Un clásico, sin duda, cuando hablamos de periodismo en el cine, el cual nos trae a la memoria las actuaciones de Dustin Hoffman y Robert Redford en los papeles protagónicos de Carl Bernstein y Bob Woodward respectivamente, quienes investigaron el tan famoso escándalo de Watergate.

A grandes rasgos, aquí comentaré  el caso Watergate para quien no lo recuerde y para los que todavía no nacíamos.  En junio de 1972, cuatro hombres fueron capturados en el hotel Watergate en Washington, donde se encontraba instalado el Comité Nacional del partido Demócrata, al que entraron para robar información. Estos perpetradores habían sido contratados por gente muy cercana al presidente, lo que  dio lugar al “sospechosismo” de que el propio Nixon estaba enterado del espionaje. Y sí, así era, pero después de varios sucesos entre los que está el hecho de que intentó poner él mismo un procurador que revisara el caso o el rodar de varias cabezas (¿les suena familiar?), al final  Richard Nixon entregó su renuncia en agosto de 1974, después de haber sido acusado por la Suprema Corte de obstrucción de investigaciones judiciales, de abuso de poder y de ultraje al Congreso, así como de haber utilizado tanto a la CIA  como al FBI con fines políticos, convirtiéndose en el único mandatario estadounidense que ha dimitido del cargo (No, esto ya no nos suena familiar).

El caso fue ventilado por dos periodistas del  prestigiado diario Washington Post, quienes tenían como fuente a un directivo del FBI ,  Mark Felt, del cual para entonces sólo se sabía su seudónimo Garganta profunda. Después, los propios Carl Bernstein y  Bob Woodward escriben un libro: “The affair Watergate”, en el cual se basa el guión de William Godmann y la dirección de Alan J Pakula. Otra vez, en voz de Martínez Salanova diremos que “Todos los hombres del presidente es un excelente estudio sobre ética y vida del periodista. El desenmascarar toda una conspiración… Les  llevó a recurrir a métodos cuestionables para el común de la gente y a mentir para preservar la fuente y sonsacar información a personas de los niveles más dispares”.

Así tenemos un libro escrito con hechos reales, una película seria, bien realizada, basada en un texto periodístico y una historia que se presta para la reflexión del comportamiento y los alcances tanto de los políticos como del quehacer de los medios de comunicación.

Que dónde podemos encontrar esta hermosura. En los sitios de renta por internet, como ya habíamos dicho antes, o en tiendas que rentan o venden películas originales. Pero no dejen de verla porque de verdad creo que nos recuerda  las delicias de la Casa Blanca.

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