Lo que empieza mal, acaba mal

Jorge Herrera Solorio

La sabia popular ha acuñado la frase del título en el sentido de que lo que se inicia mal, mal termina; lo anterior viene a colación porque en el asunto del legislador federal que ha ocupado recientemente a los medios de comunicación locales y que lo han confrontado exhibiendo un video que, como imagen con sonido, retrata a la perfección los lamentables e incontrovertibles acontecimientos.

Pero, además llama la atención el que se refieran “al cuatro mantas”, recordando que en su escasa campaña política fue suficiente con el uso de esas mantas para obtener el triunfo; de ese hecho (falta de campaña política) debemos desprender algunas conclusiones provisionales.

1) El legislador resultó un beneficiario de la rueda de la fortuna electoral, sin ningún vínculo o nexo de gestión popular con sus representados; 2) El desconocimiento de la importante función que desarrolla un legislador, como representante social, es clara y evidente; 3) la facilidad para engañar, como se deduce de las declaraciones realizadas en días posteriores negando los hechos y contrastadas con el video exhibido; 4) La falta de representación real entre representante (diputado) y representado (pueblo) tiene como consecuencia el abuso del poder y la arbitrariedad sobre la persona de un ciudadano; y finalmente, habría que revisar la productividad legislativa, al margen de la penosa actuación.

En la entrega de la semana pasada hice referencia a que, además de disculparse públicamente, el diputado federal debería de pagar, de inmediato, los daños y perjuicios ocasionados al afectado; esto es, la reparación del daño consistente en el pago de las curaciones, medicamentos, prótesis, rehabilitación, etc., así como lo que dejo de percibir el lesionado, si es económicamente activo ( perjuicio). Es claro que tal reparación del daño resulta una nimiedad frente a las jugosas percepciones de los legisladores federales.

Pero también resulta importante resaltar, que a nivel local, como se dice popularmente, “no cantamos malas rancheras” , al tener un legislador que se ha destacado por su ausencia en cualquier actividad legislativa (en comisiones, en sesiones de pleno ordinario, extraordinario y solemnes) como de ello han dado cuenta los mismos medios de comunicación. ¿Para qué quieren ser representantes populares si no asumen su responsabilidad con diligencia, seriedad y honestidad social?

Apostilla: el título de esta entrega es útil para referirnos al lamentable papel de nuestra selección mexicana: con un pobre desempeño en las eliminatorias, el hecho de haber calificado casi de milagro, y los pésimos resultados observados en los dos partidos de preparación, nos revelan un equipo nacional sin idea y sentido de juego; es claro que mal terminará en el torneo brasileño. ¡Ojalá me equivoque!

Maestro en la Facultad de Derecho de la UAQ

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