Parece que fue ayer cuando sin pensarlo tuve la enorme fortuna de ver por primera vez en la grama de La Corregidora al que hoy es nuestro más grande ídolo: Mauro Néstor Gerk.
Cuando se intenta escribir con el corazón en la mano, irónicamente, no es tan sencillo. De sobra sabemos los enamorados del futbol que en la formación de ídolos, en la mayoría de los casos, se derrumban muy pronto, abismalmente este no es el caso.
Han pasado 64 largos años desde la fundación de este bendito equipo, donde muchos -ya no tantos- viven para contar la costumbre de sufrir, de estar siempre en las malas, de siempre estar, sin importar el resultado en la cancha; de vivir un gol como si fuera un campeonato.
Afortunadamente, esa herencia se ha transmitido derrota a derrota, triunfo a triunfo; poco a poco este bendito ADN se muta entre las nuevas generaciones, que en medio de tiempos mejores, comienza a sentir como corre por las venas la sangre de ser un auténtico gallo blanco.
Estos niños que hoy también están emocionados por conocer a la gran leyenda contemporánea de su equipo, por conocer en persona a quien de voz de sus padres o hermanos, es y será siempre el eterno capitán de los colores azul y negro.
El gran Mauro, nuestro Tanque regresa una vez más a casa, a esta tierra que lo adoptó para siempre como hijo pródigo, como uno de tantos guerreros que han defendido dentro y fuera del terreno de juego a esta amada camiseta que llevamos tatuada en la piel. Esta gente que es suya para siempre, no lo olvida nunca, siempre está presente en la mente y el corazón.
Difícilmente algún aficionado de este bendito equipo no sabe quién es Mauro, es simple: Un gran ser humano, que desde muy temprana edad se convirtió en futbolista en su natal Argentina, su mayor cómplice siempre fue el gol, un profesional que como muy pocos, se caracterizó por la entrega y sacrificio por los colores que portó siempre con la cara levantada, dejando todo y mucho más; un líder natural que siempre sembró y cosechó respeto y admiración por su compañeros y sus rivales deportivos. De un físico que refleja el día a día del trabajo y la disciplina, la mirada de un triunfador y la sonrisa que nos regalaba cada vez que convertía un gol y que fuera del campo se dibuja todos los días para y con sus dos grandes amores: su esposa y su hermosa hija. Hombre de familia, esposo y padre inigualable.
Campeonatos, ascensos, descensos envuelven incontables recuerdos que sería difícil enumerar, pero que están y estarán siempre en nuestra mente y nuestro corazón, aunque con un espacio aun muy grande, ese que estamos reservando para tu regreso definitivo como estratega del equipo de tus amores, ese momento que esperamos junto contigo con ansiedad e ilusión, esa que también compartimos juntos: levantar una vez más la copa.
Mauro, no existen palabras para agradecer lo que eres, lo que nos sigues regalando, hoy vuelves a casa durante unas horas, que serán muy cortas pero una vez más, inolvidables.
Capitán, en momentos muy difíciles te lo dije y hoy lo reafirmo con el corazón en la mano: Te vas, pero no te vas...

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