Llevamos décadas escuchando la voz de mujeres que proclaman equidad en un mundo planeado por hombres.
Hoy, en México ya es una realidad que la mujer tiene que ocupar cargos públicos en la misma proporción que los hombres y yo lo ¡aplaudo!.
Tantas cosas he escuchado, sin embargo algo que me queda claro es que para el género masculino sigue habiendo motivos para pensar que una mujer no está lo suficientemente preparada, o no está en el momento preciso o tendrá que trabajar el doble que ellos para lograr las cosas como si esto no estuviera pasando desde que la mujer levantó su voz y reclama un espacio.
Pero hoy no quiero hablar de lo que se dice, quiero hablar de las mujeres que desde cualquier punto desempeñamos una función, profesión u oficio y es que pareciera que nuestro peor enemigo, somos nosotras mismas.
Sabemos como rumor urbano, que la mujer es envidiosa por naturaleza. En los anuncios de televisión, en las redes y en las mesas de café a la mujer se le da el criticar a otra que no es muy de su agrado quizá porque ha sobresalido en algún ámbito en la que, la que tiene la voz, no. ¡O quizá sí! pero no le gusta ver que otra de su género pueda estar a la par de ella.
¡Pues les tengo noticias! Tenemos que cambiar. Sí, tenemos que cambiar ése pensamiento absurdo y erradicar ésa mala práctica de andar sobajando a la de a lado. Si veo talento en una amiga, compañera o conocida reconócelo y si tienes la oportunidad impúlsalo. ¡Mujeres! convirtámonos en verdaderos  líderes. 
“Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder” - Jack Welch
Dejemos de ser motivo de burla porque dicen que donde hay mujeres, hay conflicto. Aprendamos a calmar a nuestro ego, que es el principal enemigo no sólo de las mujeres, sino del ser humano. 
Buscamos siempre ser protagonistas de la historia, del momento, sin darnos cuenta que el apoyo que se brinda a otros te lleva también a jugar un papel muy importante. Destacar los talentos de otras personas sin pensar en los tuyos para impulsarla, es una gran virtud.
La mujer tiene por naturaleza el instinto de la protección, de la guía, de la organización, del resguardo y del amor. Todas éstas cualidades natas, ya de sí, forman parte de la personalidad de un gran líder. Así como en casa impulsamos a los nuestros, hagámoslo también con nuestro prójimo.
Aprendamos a mejorar en equipo y no sólo ser protagonistas del momento. 
Seamos más humanas, profundicemos en los valores y apeguémonos a ellos para lograr que nuestro entorno verdaderamente pueda cambiar.
Somos valiosas, somos inteligentes somos creativas y lejos de competir en estricto sentido con el género masculino, logremos juntos el equilibrio para que nuestra sociedad pueda tener una mejor calidad de vida.
Soy mujer, soy diferente y el ser así me hace observar que tú cuentas con talentos distintos a los míos, no mejores, no peores sólo diferentes y que pueden ser el complemento para lograr un engranaje en ésta gran maquinaria llamada sociedad.

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