Laura se va de México

Juan Manuel Badillo

Laura de América se va de México, es un hecho. Fuentes confiables confesaron a este morboso columnista que la peruana recibió la bonita noticia de que el consulado de Estados Unidos finalmente le soltó la Visa de residencia y de trabajo.

Antes de que la gente del consulado estadounidense se den cuenta del despropósito que están por cometer y se arrepientan, la presentadora televisiva ya armó maletas para cruzar la frontera norte del país

La noticia de Laura se expande por los pasillos de Televisa como el ébola, de forma lenta, silenciosa y eficaz.  La fecha límite de su salida es la segunda semana de diciembre.

El personal que trabaja con ella tiene contrato por cuatro semanas más y es momento que no saben decir si el proyecto sigue o se van a sus casas.

Se sabe que Laura seguirá produciendo su programa, lo que no es una certeza es si lo hará desde Estados Unidos para América Latina, o sólo para los latinos de ese país.

De confirmarse esos rumores, Laura de América finalmente se convertirá en una figura de la región, imponiendo su imagen desde Canadá hasta Tierra de Fuego, que ya lo era.

Desde hace varios años que los peruanos están felices por que Laura de América ya no está en su país y han elevado plegarias para que no la regresen, nunca jamás.

Los peruanos saben que tienen una deuda impagable con los mexicanos, por acoger en sus televisores a la señora que tiene como grito de guerra: “Que pase el desgraciado”. Los españoles la conocieron, la escucharon y luego la despacharon.

En 2013, cuando el huracán Catrina incomunicó a los habitantes de Coyuca de Benítez, un poblado en Guerrero, Laura se montó en un helicóptero del gobierno de Eruviel Ávila, en el Estado de México, y montó un show de rescate para las víctimas, pero sólo era un mal montaje, acusó la prensa.  Reventó el escándalo.

Pero no vaya usted a creer que lo de Laura Bozzo es de siempre, y que esa manera de gritar como vendedora de trusas de la Merced es de “nación”,  no señores, lo aprendió ya de grande.

Bozzo llegó a México en 2009, primero a TV Azteca y Luego a Televisa (en 2011), y tras dejar atrás un escándalo de corrupción de grandes magnitudes, ocurrido durante el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000). Se le acusó de tener una relación sentimental y recibir dinero de Vladimiro Montesinos, entonces asesor de Fujimori y también tras las rejas.

Laura Bozzo viene de buena familia, hija de un ingeniero y madre de clase media acomodada. Es abogada y tiene un doctorado en la materia.  Antes de regañar a los señores que le pegan a sus esposas, dio clases de derecho y fue reconocida como catedrática en su país. Incluso fue funcionaria de cultura y desarrollo social durante el mandato de Alan García, y de ahí aprendió las bondades del populismo en la televisión.

Su incursión en la pantalla chica fue con un programa Las mujeres tiene la palabra, abiertamente feminista y populista. Pero su mejor momento llegó en los años 90, con los Reality Show que en ese entonces invadieron las pantallas chicas de ese país y toda América Latina.

Lo de Laura de América no le viene de sus fans, fue por trabajara en América Televisión, en su primer periodo (1998-2001) y luego para Telemundo (2002-2008).

Tras el escándalo de los Vladivideos en Perú, Bozzo enfrentó cargos y se encerró en bunker por meses y vivió y trabajó en los foros de televisión por más de dos años, y desde donde transmitía el programa Laura para todos los países a donde llega Telemundo.

El asunto, la nota, es que Laura se va de México, ese país “que tanto amo”, dijo alguna vez. Se va la peruana que se declaró más guadalupana que los danzantes de la Basílica. Se va la conductora televisiva “que asegura ser más mexicana que muchos”.  Total, que “la señorita Laura”, emigra.

Pero no es tiempo de lanzar ¡hurras!, todavía. Porque Laura de América es como el ébola, se va y no se va, permanece, acechando, silenciosa, y un día puede regresar. Que todos los santos del cielo nos amparen.  FIN

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