Las mil versiones de la detención de Duarte

Un misterio en el que habrá solo un perdedor, el gobierno mexicano, si no aclara cuanto antes este enredo.
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20/04/2017
08:00
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El periódico Milenio dio a conocer ayer una nueva versión sobre la captura del ex gobernador Javier Duarte en el hotel Riviera de Atitlán, realizada el sábado pasado. La versión procede del subdirector de Investigación Criminal de Guatemala, Stu Velasco.

De acuerdo con el funcionario, hubo una estrategia policiaca para obligar a Duarte “a salir de su habitación sin recurrir a la fuerza y evitar la posibilidad de que pudiera atentar contra su vida, que reaccionara de manera violenta o se atrincherara”.

Según la versión proporcionada por Velasco, la Policía Nacional Civil e Interpol Guatemala le sellaron al ex gobernador de Veracruz “todas las vías de escape y cortaron la conexión de internet para forzarlo a que abandonara por su cuenta la habitación 505 del hotel”.

“Al verse incomunicado —se lee en el diario—, y escuchar el ruido de los oficiales de seguridad, Duarte se dirigió apresurado hacia los elevadores, los cuales también habían sido neutralizados, por lo que corrió por el pasillo del quinto piso, en donde, finalmente, fue detenido”. 

El día en que ocurrió la captura, Velasco, en entrevista para ADN40, había ofrecido una versión distinta: “Hace unos minutos lo vimos que salió a pedir algún licor, es ahí cuando las autoridades de la Policía Nacional Civil lo reconocieron y lograron su captura, primero por fotografía forense y después por huella dactilar, determinando que se trataba de una persona con orden de captura y orden de extradición”.

De acuerdo con esa versión, Duarte habría dicho: “Así es, señores, soy el gobernador Javier Duarte, ya no vale la pena seguir fingiendo otro nombre”. El propio Stu ofreció, sin embargo, una tercera versión (17 de abril, en el programa de radio de José Cárdenas), según la cual “Duarte salió del departamento para solicitar apoyo administrativo del complejo por algún servicio y ahí es cuando se le detiene”.

En una de las versiones de Velasco, el ex gobernador fue ubicado por su huella dactilar; en otra, “después de cinco minutos de conversación, de decirle que sabíamos quién era, reconoció quién era”.

Por su parte, el subjefe de Interpol Guatemala, Manuel Noriega, declaró a The Associated Press que “la fiscalía mexicana” llamó a la habitación del ex gobernador para decirle que había sido localizado y pedirle que saliera del departamento para ser detenido. “Salió de manera voluntaria”, explicó Noriega.

Carlos Loret trajo el lunes pasado a estas páginas una versión según la cual no servía el elevador y agentes mexicanos y guatemaltecos subieron cinco pisos con la orden de captura “para tocarle la puerta (a Duarte), a ver si salía”. De acuerdo con la versión recogida por Loret, “cuando estaban por llegar, el ex gobernador de Veracruz (…) abrió su puerta y se los topó en el pasillo (…) ‘Buenas noches’, les dijo”.

EL UNIVERSAL exhumó ayer la versión del subprocurador jurídico y de asuntos internacionales de la PGR, Alberto Elías Beltrán, quien aseguró que Duarte había sido capturado “en el lobby del hotel”.

Según el relato de dos policías de la Agencia de Investigación Criminal, dado a conocer ayer en este espacio, en cuanto la orden de aprehensión llegó a sus manos, los agentes binacionales bloquearon el elevador para evitar que Duarte intentara abordarlo y subieron por las escaleras. Habían advertido que alguien de la administración le avisaba por teléfono que había llegado la policía.

En ese relato, Duarte no echó a correr por los pasillos, ni salió a pedir “algún licor”, ni a solicitar “apoyo por algún servicio”: tampoco abrió la puerta para toparse con los agentes en el pasillo. Según el testimonio de los dos policías, le tocaron la puerta, Duarte la abrió y entonces dijo:

—Buenas noches. Vámonos. Esto se tiene que arreglar. Ya estoy cansando.

La BBC informó que al momento de su captura Duarte habría dicho: “Así es señores, soy Javier Duarte de Ochoa, soy el gobernador, no me queda más que decir la verdad”.

La misma detención contada de modos distintos —y un mismo funcionario narrándola cada vez de un modo diferente.

No deja de ser un misterio.

Un misterio en el que habrá solo un perdedor, el gobierno mexicano, si no aclara cuanto antes este enredo. 

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