"Las ganas de creer" (Parte VI)

Filiberto López Díaz

Los obstáculos, conflictos y ausencia de libertades y democracia han aislado a países enteros o por lo menos divididos

“Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”. Simón Bolívar, (Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco.- n. Caracas, 24 de julio de 1783, m. Santa Marta, 17 de diciembre de 1830), ayudó a la independencia de las actuales Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Venezuela y la reorganización del Perú. 

Al igual que José Martí (José Julián Martí Pérez, La Habana, 28 de enero de 1853-Dos Ríos, 19 de mayo de 1895) y José Vasconcelos (José Vasconcelos Calderón n. 1882/02/28; sí, hoy, cuando leas estas líneas será un aniversario más del nacimiento del Maestro; empero lo confieso, ha sido simple coincidencia y m. 1959/06/30) fueron los más fervientes convencido y luchadores del panamericanismo. Sus “ganas de creer” en la imperiosa necesidad de unir a América, no sólo continente sino como nación, las fincaron en un pasado común, idioma compartido y por supuesto en la independencia de la Corona Española. Tengo mis dudas, mismas que por supuesto no he de dilucidar o divagar en este espacio, si Brasil comparte con sus vecinos su fundación o Portugal era en su época un reino independiente; básteme por ahora dejar asentado que salvo los EE. UU. que presuntuosamente se llaman a sí mismos América y obvio, hablan inglés, el idioma oficial de Brasil es el portugués; empero, más me vale dejar aquí, el tema.

En diversas ocasiones le escuché a mi malogrado amigo Facundo Cabral, mencionar que Jorge Luís Borges decía que Buenos Aires era la ciudad más europea de América y la más americana de Europa; ve tú a saber si era cierto lo atribuido al autor de El Aleph; empero lo que sí me consta es que Cabral siempre dijo que: “Los mexicanos descendemos de Los Aztecas; los peruanos de Los Incas y los argentinos de los… ¡barcos!” Sin embargo en Derecho Internacional Público Comparado, no debemos olvidar que en toda idea de cohesión, amalgama, integración, existe un elemento de ruptura. Adopción de diversas religiones, costumbres, festividades “oficiales” o profanas; sistemas políticos, creencias ancestrales; deidades características de cada “nación”.

Hogaño, América Latina posé un detestable plural y común denominador: La corrupción, impunidad, pobreza extrema y por ende una enorme brecha social, cultural, educativa y de oportunidades para un trabajo digno esas “ganas de creer” en un panamericanismo cohesionado con sus diferencias, no uniforme, que se convertiría en un continente extraordinario, moderno, competitivo, con igualdad de oportunidades de estudio, trabajo, cultura, recreación, creación e inventiva, no han sido posible por los enorme males que nos aquejan y sólo las aspiraciones de un panamericanismo han quedado en “las ganas de creer”.  Los obstáculos, conflictos y ausencia de libertades y democracia han aislado a países enteros o por lo menos divididos y fratricidas. 

Pongamos todos sólo por un instante, los pies sobre la tierra: El panamericanismo es hoy en día. una utopía y no, como lo escribió Rovirosa, al estudiar el libro Utopía de Tomás Moro: “Pero lo más extraordinario, a mi entender, es su defensa del “pluralismo” religioso, frente a la religión única obligatoria…Piénsese en que durante cerca de cinco siglos hemos dispuesto de un ideario racionalismo… plenamente de acuerdo con el Derecho Natural, y no le hemos hecho ningún caso, antes hemos aprovechado su mismo título, para inventar la palabra “utópico”. En cambio, el marxismo, basándose en un-hombre-que-no-existe (esto sí que es utópico) en menos de cien años ha revuelto el mundo… Espero Y deseo que esta edición pueda ser útil a muchos. El dormir durante unas horas es muy sano y conveniente; pero dormir durante siglos y siglos... ¿puede defenderse como cosa buena?”.

Si el panamericanismo, de momento no es posible, continuamos con “las ganas de creer”; en realidad nos queda la utopía, de lograr la unidad, solidaridad, armonizar diferencias, la anhelada paz y la convivencia armónica de nuestras diferencias: Yo soy; yo creo, yo poseo “las ganas de creer”; es decir, llegar a ser sueño en bendita y perenne libertad, pues bien lo ha escrito Octavio Paz: “La libertad no necesita alas; necesita echar raíces”; significa esto que: “… las empresas transnacionales se han convertido en unidades indispensables de la integración global… libre comercio, apertura de mercados, caída de barreras, flujo de capitales (¿y de mano de obra?); los mexicanos no podemos ser ludditas anacrónicos, empeñados en mantener estructuras nacionales periclitadas… No nos atenemos nunca a un dogma, a una esencia, a una meta excluyente.

Abracemos en cambio, la emancipación de los signos, la escala humana de las cosas, la inclusión, el sueño del otro. Sólo así, todos los días, fundaremos un nuevo tiempo mexicano”; escribió Carlos Fuentes en 1994, cuando era presidente Carlos Salinas de Gortari y por los países desarrollados o en vía de serlo, pululaba la idea de globalización; integración universal con todo lo que ello significa.

Hoy la situación es diametralmente opuesta, salvo parte del continente asiático con China, Corea del Sur, Shangai, entre otros; empero la integración lleva el elemento de separación, aislamiento y defensa de la soberanía. Veamos por ejemplo esta experiencia personal: En 1980 fui invitado a Venezuela, a un Congreso sobre Derecho del Trabajo. Julio Godio, a mi juicio,  uno de los mejores sindicalistas de la época, ya había publicado tres tomos sobre El Movimiento Obrero Venezolano estudios que comprenden el tema, de 1850-1944; 1945-1980 y 1965-1980.

Al morir, el 20 de julio del 2011, en Buenos Aires, Argentina, su tierra natal; Claudio Martyniuk escribió: “Godio fue una figura intelectual clave en el desarrollo de un campo historiográfico que, en gran medida, antes de sus intervenciones se encontraba caracterizado por reconstrucciones fragmentarias, descontextualizadas de los ciclos ideológicos e históricos y, en muchos casos, asociadas a demandas justificadoras partidarias… A su labor académica, desplegada en las universidades de Glasgow (Escocia), del Zulia y Central, en Venezuela, y en nuestro país en las de Buenos Aires, La Plata y El Comahue, le siguieron funciones en la Organización Internacional del Trabajo y la dirección del Instituto del Mundo del Trabajo en Argentina, una organización no gubernamental dedicada a la investigación sobre sociología del trabajo y a la promoción de los derechos laborales”.

Y de ese Congreso Venezolano sobre Derecho del Trabajo, aún retumban en mi mente, las palabras de Claudio Martyniuk, sobre la muerte de Julio Godio: “Su último libro es El futuro de una ilusión Socialismo y mercado, en el cual analiza críticamente las travesías del marxismo. Y el núcleo de su compromiso intelectual y político lo condensó en el interrogante sobre las ideas imprescindibles para acompañar a la humanidad hacia una civilización mejor”. ¿Y… la Venezuela de hoy?
Desde luego amigo, tú tienes una mejor opinión. (Continuará). 

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