“Las ganas de creer” (Parte III)

Filiberto López Díaz

Ante los retos mundiales actuales, los papeles protagónicos de algunos, deben de modificarse, adecuarse a los cambios en todos los aspectos a los que nos reta a la velocidad de la luz

“¿Qué es lo mejor que has recibido de tu padre? El hábito, que no siempre observo, de no recibir las cosas sin examinarlas. Veo que la gente tiende a aceptar la realidad sin detenerse a observarla, sin pensar que puede ser cuestionada. Todo es admitido como real, y en especial lo que sucede el día de hoy. Se entiende que lo actual tiene una gran fuerza. Claro que el único tiempo que conocemos es el actual, pero como va renovándose, no sé si tiene un valor para el porvenir”. (Entrevista con Jorge Luis Borges en el libro de María Esther Vázquez, titulado Borges, sus días y su tiempo. Ediciones B. Argentina 1999).

Parte de “Las ganas de creer” se refieren al futuro; en el cual consideramos nos va a ir mejor como por arte de magia, sin luchar, esforzarnos, trabajar, innovar o proponer. “Las ganas de creer” de que los demás resuelvan nuestros propios problemas, individuales, sociales y hasta jurídicos. Por mucho tiempo hemos sido espectadores y no actores de la historia. No me refiero a enrollarnos en el lábaro patrio y arrojarnos al vacío desde El Castillo de Chapultepec; ejemplo válido si en realidad existieron los Niños Héroes, pues vuelvo al gran Borges: Todo lo damos por sentado, por cierto e indiscutible. ¿Cuántas veces has escuchado el nefasto “así se ha hecho siempre” y ante ello, ningún argumento resulta válido pues algunos seres humanos se niegan a cambiar, a innovarse, a ser diferentes para ser mejores. Bien dicen que la locura consiste en hacer siempre lo mismo, esperando resultados diferentes.

Ante los retos mundiales actuales, los papeles protagónicos de algunos, deben de modificarse, adecuarse a los cambios en todos los aspectos a los que nos reta a la velocidad de la luz, la modernización en ámbitos tan disímbolos como la tecnología, medicina, las diversas formas del trabajo realizado desde nuestro domicilio, las formas de fijar o determinar los salarios en base a la productividad y resultados. 

“Las ganas de creer” de que ya todo está bien realizado, firmeza en que nada debe de cambiar, sino permanecer por los  siglos de los siglos, en virtud de que “siempre se ha hecho así”. Dentro de esta resistencia al cambio, “las ganas de creer” de que la iniciativa de reformas a la Ley Federal del Trabajo entre otras legislaciones, están de maravilla pues son en beneficio de México; esa entelequia amorfa, inverosímil  y palabra desgastada de tanto usarse.

“Las ganas de creer” en un país viviendo en paz, lejano de grillas baratas y estériles; “las ganas de creer” en una educación laica, sin necesidad de la intervención del gobierno o del Estado, en donde los padres determinen la misma en los años bisoños de los mexicanos, para después, ya mayores de edad, éstos determinen la forma, términos y condiciones de educarse; eligiendo a sus catedráticos quienes habrán de presentarse a exámenes de oposición. “Las ganas de creer” en un nuevo sindicalismo latinoamericano con  jóvenes líderes sin pasión por el dinero o para alcanzar posiciones políticas sin importarles los trabajadores. Jóvenes líderes sindicales, que sean tierra fértil en donde los campesinos con experiencia, debemos de sembrar, con ejemplo y nuestros actos: Honestidad, trabajo incansable, amor por el estudio y nuestra pasión por la Justicia. 

“Las ganas de creer” como lo ha escrito en su estudio La crisis del sindicalismo en América Latina, Francisco Zapata de la Universidad Autónoma Metropolitana: El sindicalismo latinoamericano, después de haber desempeñado un importante papel en la organización de los trabajadores en América Latina, en sectores como la minería, la industria manufacturera y la burocracia pública, de haber establecido estandares laborales y la negociación de contratos colectivos de trabajo, de haber desarrollado canales de participación política y haber contribuido al desarrollo de la democracia, atraviesa por una crisis… Las dimensiones de esta crisis guardan relación con las profundas transformaciones económicas y sociales que han afectado a los países latinoamericanos desde 1982, con la modificación del contenido y de la forma de operar de los sistemas políticos y con la redefinición de la democracia. También tienen que ver con los cambios de las estructuras ocupacionales y el paso al predominio de la economía de los servicios. El impacto de estas transformaciones ha tenido como resultado que el movimiento obrero latinoamericano dejó de cumplir con las funciones que jugaba en un continente fuertemente marcado por las características de los estados nacionales que se formaron en el siglo XIX y por las estructuras políticas que se derivaron de los cambios ocurridos en la primera mitad del siglo XX en países como Argentina, Brasil, México o Chile. 

La democracia política dejó de ser un reflejo de las estructuras sociales y las estructuras ocupacionales dejaron de estar centradas en las actividades manufactureras, los servicios de utilidad pública (electricidad, gas y agua) y la burocracia estatal. Por lo cual, al analizar la crisis del sindicalismo, son estas cuestiones las que hay que considerar en detalle… otra transformación del mercado de trabajo, que afecta las posibilidades de los sindicatos para organizar a los trabajadores, tiene que ver con la feminización creciente de la fuerza de trabajo. 

En efecto, la proporción de mujeres que trabajan hoy en la industria manufacturera, incluyendo la maquila, la burocracia pública y los servicios personales como la educación, la salud y las finanzas ha crecido al punto que representa hoy casi la misma proporción que tiene en la población total (dependiendo de los países, alrededor de 40% del total de la PEA). Incluso, en los servicios personales y en la burocracia pública, esa proporción es mucho mayor que la de los hombres de la misma forma que, en la distribución por sexo del empleo no-agrícola, la proporción de mujeres en el sector informal es muy superior a la de los hombres, con la excepción del empleo en las microempresas.  

Es decir, hemos llegado a un punto en el cual, necesitamos actuar y cambiar; pues hasta los más fuertes emocionalmente y los más optimistas necesitan también alguna vez un empujón que les devuelva “las ganas de creer” hacia delante con ilusión y una gran sonrisa. (Continuará). 
 

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