"Las ganas de creer" (Parte final)

Filiberto López Díaz

La historia y la sociología nos informan que el sindicalismo surge a partir de dos procesos sociales animados por los trabajadores

“Los sindicatos no son organismos desligados de la política, toda vez que se inspiran en los principios de la lucha de clases. Y no puede ser de otro modo. Porque, ¿Quién compone los sindicatos? Los compone la clase obrera: los panaderos, los albañiles, los metalúrgicos; en una palabra, los explotados”. José Díaz Ramos. 

En el mundo la tendencia actual es disminuir los derechos de la clase trabajadora; así, vemos los conflictos en Francia, España, por citar sólo dos ejemplos y en América Latina: México, Hondura, Argentina, Chile entre otros.

Franciso Zapata ha escrito sobre el particular que la: “Crisis del sindicalismo en América (con particular énfasis en los casos de Argentina, Brasil, Chile y México).  El sindicalismo latinoamericano, después de haber desempeñado un importante papel en la organización de los trabajadores en América Latina, en sectores como la minería, la industria manufacturera y la burocracia pública, de haber establecido estándares laborales y la negociación de contratos colectivos de trabajo, de haber desarrollado canales de participación política y haber contribuido al desarrollo de la democracia, atraviesa por una crisis cuyas dimensiones constituyen el objeto de esta colaboración y por supuesto del estudio de varios trabajo sobre el tema.

 Las dimensiones de esta crisis guardan relación con las profundas transformaciones económicas y sociales que han afectado a los países latinoamericanos desde 1982, con la modificación del contenido y de la forma de operar de los sistemas políticos y con la redefinición de la democracia. También tienen que ver con los cambios de las estructuras ocupacionales y el paso al predominio de la economía de los servicios. 

El impacto de estas transformaciones ha tenido como resultado que el movimiento obrero latinoamericano dejó de cumplir con las funciones que jugaba en un continente fuertemente marcado por las características de los estados nacionales que se formaron en el siglo XIX y por las estructuras políticas que se derivaron de los cambios ocurridos en la primera mitad del siglo XX en países como Argentina, Brasil, México o Chile. La democracia política dejó de ser un reflejo de las estructuras sociales y las estructuras ocupacionales dejaron de estar centradas en las actividades manufactureras, los servicios de utilidad pública (electricidad, gas y agua) y la burocracia estatal. Por lo cual, al proponernos analizar la crisis del sindicalismo, son estas cuestiones las que hay que considerar en detalle.

La historia y la sociología nos informan que el sindicalismo surge a partir de dos procesos sociales animados por los trabajadores: el primero reside en la búsqueda del control del proceso productivo, de los mercados de trabajo y del acceso y permanencia en el trabajo; el segundo reside en el acceso a las instancias políticas, que se encarna en la posibilidad de lograr el primer objetivo a través del Estado, por medio de la presión que se puede realizar sobre este agente a través de los partidos políticos.

La liberalización comercial, la privatización de las empresas estatales y la desregulación de la institucionalidad laboral repercutieron sobre las transformaciones de los mercados de trabajo. Si bien dichas transformaciones se pueden explicar también por tendencias de largo plazo, como han sido el crecimiento del sector terciario de la economía, la intensificación de la urbanización y otras, el impacto de esos tres procesos ha acelerado considerablemente la intensidad de los cambios de la población ocupada y desocupada, las tasas de participación en la actividad económica y la entrada de las mujeres a trabajos no-domésticos. 

También ha contribuido a bloquear la expansión del empleo público. A su vez, la estructura por tamaño de las empresas se ha atomizado en la medida que las empresas son más y más pequeñas. De manera que estas empresas pequeñas sustituyen a las grandes empresas del pasado como el lugar de la estructura productiva en dónde se generan más empleos, al considerarlas en forma agregada. Por otro lado, la redistribución de la población ocupada en el territorio y la intensificación de los procesos migratorios internos y de las migraciones internacionales han afectado las condiciones de vida de los trabajadores.

El incremento de la movilidad territorial de la fuerza de trabajo ha repercutido en las tendencias de los salarios mínimos reales y de los salarios medios urbanos, los cuales han tendido a estancarse o disminuir en la mayor parte de los países (OIT 2001). Y también han contribuido a debilitar considerablemente al sindicalismo que no ha sabido, no ha podido o no ha querido desarrollar estrategias que pudieran hacer frente a esos impactos.

Para Esteban De Gori, Camila Vollenweider, Ava Gómez y Bárbara Ester, CELAG/Resumen Latinoamericano 10 Abr.2017.- Los gobiernos latinoamericanos que optaron por una propuesta neoliberal llevaron varias estrategias con sus sindicalismos locales. Margaret Thatcher había demostrado que la acción sindical en un país de gran tradición obrerista podía ser limitada o desestructurada. 

El paro minero de 1984 demostraba que el conflicto entre neoconservadores y sindicatos era clave para la consolidación de los primeros. Durante los años 80 y mientras la mayoría de los países latinoamericanos iniciaban la recuperación democrática de sus sistemas políticos, los sindicatos pugnaron por sus derechos y por recomponer sus salarios.

Esto se inscribía en un continente que empezaba a soportar la crisis de la deuda, la hiperinflación y la crisis económica. Donde las presiones por desmantelar el Estado de Bienestar comenzaron a ser muy fuertes por parte de incipientes actores internacionales y agencias de crédito. Las crisis económicas de los 80 impactaron entre los asalariados y, en algunos casos, fueron desestructurando y disciplinando a diversos sindicatos.

El mundo que comenzaba a “abrirse” con la revolución tecnológica, la flexibilización laboral y el ‘toyotismo’ presionaba sobre las relaciones sindicales y laborales. Frente a esto, los sindicatos fueron profundizando una característica que provenía de décadas anteriores: el corporativismo. La victoria de propuestas neoliberales en América Latina trajo consigo el desmantelamiento de anteriores regulaciones abriendo el campo para la flexibilización/precarización laboral y las privatizaciones. 

Es así que “las ganas de creer” por lo menos en lo referente al sindicalismo mexicano debe de dejar de creer en tanto líder multimillonario y que aprovechan todo aspecto para engrosar sus carteras y pasar como lo dijo José Elécier Gaytán: “Cuando los trabajadores sean en realidad una organización de clase, podrán influir decisivamente en la vida nacional.” 

Desde luego amigo, tú tienes una mejor opinión. (Continuará). 

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