Las cuevas, el hombre, otros habitantes y la historia de la Bioespeleología en México (Segunda parte)

Dr. Juan Bibiano Morales Malacara

En esta segunda entrega de relatos históricos o de cuentos, mitos y fantasías sobre las cavernas, continuaremos describiendo la relevancia de las cavernas en la vida, religión y mitología de los antiguos mexicanos.

Destacan, por ejemplo, los relatos descritos por Remi Simeón en 1885 en su diccionario del Náhuatl, donde menciona la importancia que tuvieron las cuevas en la vida de algunos antiguos habitantes del centro de México al referirse al mapa Tlotzin, donde se mostraba la localización de seis cavernas de Texcoco que fueron habitadas en un principio por tribus Chichimecas, que correspondían a la cueva de Tzinacanoztoc, que en idioma Náhuatl significa “Cueva de Murciélagos”; Cuauhyacac, “En la orilla del Bosque”; la de Huexotla, “Sauceda”; la cueva de Tlatzalan, “Valle”; la de Cohuatlichan, “Casa de las Serpientes” y la de Oztoticpac, “Encima de la Gruta”. Este último vocablo además de un lugar, representó uno de los mapas o códices que los antiguos mexicanos reprodujeron en papel amate fechado en el año de 1540, donde llegaron a simbolizar zonas, pueblos e incluso límites de propiedades, nombrado el mapa de Oztotícpac, que representaba un mapa de propiedades Azteca.

Cabe mencionar, además, que algunas cavernas también se llegaron a utilizar como cementerios, entre éstas destacaba la Cueva de la Candelaria en el Estado de Coahuila, ubicada al noreste de Torreón. En esta cueva se llegaron a encontrar muchos entierros con restos de utensilios de madera, canastas y telas, además de otros objetos de algunas culturas de la región, que posiblemente correspondieron a los últimos siglos del México indígena.

Todos estos antecedentes indicaban que las cavernas, grutas o cuevas representaban recintos sagrados muy importantes para la vida cotidiana de muchos antiguos mexicanos, por ello, dentro del vocabulario Náhuatl destaca el que se hayan acuñado numerosos vocablos referente a cuevas, de donde derivaron nombres de lugares geográficos que las recuerdan y que se han conservado hasta nuestros días. Por ejemplo, del vocablo oztotl que significa “cueva”, derivaron los nombres de los pueblos de San Francisco Oztutla en Guerrero; Ostotán en Jalisco. Ttambién, Ostula y Oztoc, “Lugar de Cuevas”; Tlatzalan-Tlallanoztoc, “En la garganta de las Cuevas de la tierra” en el Estado de Guerrero. Ostontepenque, vocablo referenciado en la edición de la Nomenclatura Geográfica de México, de Peñafiel, editado por la Oficina Tipográfica de la Secretaría de Fomento en 1897, cuyo significado es “Pueblo de las Cuevas” ubicado en el Estado de Puebla. Ostotitlán, Oxtotitlán u Oztitlán, “Entre Cuevas” situado en el municipio de Teloloapan, Guerrero, pero también existe un pueblo de nombre San Bartolo Oxtotitlán en el municipio de Jiquipilco en el Estado de México. Ostopolco, “Sitio de muchas Cavernas” en Texcoco, pero que también existe un Barrio de Oxtopulco en Coyoacán en el Distrito Federal, que posiblemente se le relaciona con el origen volcánico del sur de la Ciudad de México, y sus tubos lávicos. Además, otros nombres como Ostuncalco, “En casas de Cuevas”; Ostoyoc, “Lugar que tiene Cuevas” y Oztoman, “Cuevas hechas a mano”, que “fue la primera habitación de errantes trogloditas”.

Asimismo, en la región Maya de nuestro país, también la importancia de las cuevas era muy relevante, ya que representaban recintos subterráneos sagrados, por lo que también derivaron toponimias en el sureste de nuestro país. Por ello en la lengua Maya, destacan los vocablos como Aktun que significa “Cueva, Caverna o Gruta”, de donde por ejemplo destaca el parque natural Aktun chen que significa “Cueva con pozo”, el cual se encuentra cerca de la zona arqueológica de Tulum; y el vocablo Ch´e´en que significa “Pozo”, de donde derivaron nombres como de la región arqueológica de Chichen Itza que significa “en la boca del pozo de los Itzaes”, ya que esta ciudad Maya se edificó alrededor del Cenote Sagrado, el cual se creía era la entrada al Inframundo, donde además en esta región se encontraban cuevas y numerosos cenotes, donde los antiguos Mayas obtenían el agua, además de que representaban recintos religiosos que a través de ritos y designios regían su vida cotidiana, o definían las época de cosechas, así como sus decisiones de batalla y surgieron además variadas leyendas. Otro término Maya que da referencia a cavernas, lo representa la palabra Ts´ono´ot que quiere decir “Cenote”, de donde destacan otros nombres de lugares como Xkalakdzonot “dos cenotes gemelos”, que es una localidad del municipio de Chankom en Yucatán; Chikindzonot “Cenote del poniente” representa a un municipio al sureste del Estado de Yucatán.

Estos breves ejemplos de referencias de las cuevas en toponimias regionales, continúan dándonos un panorama de la significativa importancia de las cuevas para los antiguos mexicanos, pero que a lo largo del tiempo, han seguido maravillándonos con mas mitos y leyendas, de las cuales, volveremos a mencionar algunas.

Se cuenta que en los alrededores de el cenote Chen Ja  “Pozo de agua”, ubicado en Kopomá, Yucatán, vivía un matrimonio con un hijo único, que estaba casado con una mujer del pueblo. La madre del joven enviudó y sorteó muchas dificultades para poder sobrevivir; sin embargo, su hijo, quién vivía holgadamente con sus buenas cosechas, no ayudaba a su madre. Pero un día, cansada de tanta ingratitud, la madre maldijo al hijo, diciéndole que algún día lo tragaría la tierra. Así, un tiempo después, al ir con su mujer a sacar agua del pozo, el piso se desfondó y se abrió la boca del cenote y se tragó al hijo, mujer y casa.

Nicté Ja “flor de agua”, cuenta la leyenda que, una niña fue encontrada en un cenote y bautizada con este nombre por un matrimonio que no tenía hijos: La niña creció muy bella y quiso poseerla un guerrero, pero ella cayó al agua del cenote que volvió a acogerla de nuevo. Y que se llegó a encontrar su cuerpo flotando y que tenía flores blancas brotando de sus labios. Y que por las noches Nicté Ja canta en el cenote y que el guerrero aún corre por los bosques.

Así, podríamos seguir mencionando un sinnúmero de nombres, toponimias, cuentos, leyendas y mitos que tienen un origen “mágico” por la fascinación, sorpresa, miedos, temores o fantasías que han representado para los antiguos mexicanos, o siguen representando para algunos pobladores en nuestros días, las cuevas, cavernas o grutas…

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