14 / junio / 2021 | 16:06 hrs.

Largo sueño de las cifras

Carlos de los Cobos

Con el transcurrir de estos días y en la búsqueda fallida y sempiterna de las verdades y certezas, tanto filosóficas como jurídicas, llegó a mis manos la obra queretana y de carácter colectiva llamada “Largo sueño de las cifras”, la cual consiste en una antología literaria muy rica, divertida, amena y profunda, escrita por varios autores queretanos y foráneos, editada en el marco del día mundial del libro y el derecho del autor, decretado en 1995 por la UNESCO, en la ciudad luz, París, Francia. Dicha obra, como los grandes vinos, viene en barrica de roble.

Para mí, fue muy grato encontrar a personas de nuestro Querétaro involucradas en este esfuerzo editorial, por ejemplo, al distinguido Dr. Rodolfo Loyola Vera, entusiasta promotor de la lectura y dedicado hoy, después de una vertiginosa y exitosa carrera académica, a una observación perenne de los pequeños y grandes movimientos sociales. Es, sin duda, un ciudadano del mundo con grandes ideas que aporta desde su trinchera en el mejoramiento de nuestra ciudad y el mundo.

El libro que narro se compone de diversos cuentos breves de doce autores, con una presentación del presidente municipal capitalino, para quién la cultura es un elemento fundamental y ha sido una política pública instada desde el municipio. La lectura de dicho texto es ampliamente recomendada, por la brevedad y la profundidad de los escritos, algo difícil de conciliar; por ejemplo, en “Yo no puedo hablar de mí, sino de mi pasado” de Eduardo Garay Vega se relata la historia de una vida en vecindad de un niño y la llegada de los Reyes Magos, cómo su mamá vende Avon y lava o plancha ajeno para comer… ¿Realidades que parecen ficciones y ficciones que parecen realidades?

Celebro, pues, este tipo de esfuerzos editoriales, los cuales son producto de la voluntad particular de cada uno de los autores y dan muestra de que aún con presupuestos exiguos pueden lograrse obras importantes. El éxito en un país con bajos índices de lectura radica en que este tipo de narrativa invita a la reflexión profunda, sin más límite que la imaginación.

El acento más importante lo colocaría en que este tipo de ejercicios literarios que reflejan una realidad social, política y económica. Toda obra literaria retrata las condiciones en que ve un país, sus costumbres, aspiraciones, problemas y temas nodales: las más de las veces la oposición hacia todo tipo de injusticias y congojas del amor desairado.

Estoy lejos de ser un crítico literario, pero me apasiona leer a los grandes clásicos y ver cómo se siguen reproduciendo las realidades y personajes, con otros nombres y quizá diferentes máscaras, pero siempre presentes: las grandes virtudes, pero también las grandes y delirantes pasiones; sátrapas ensoberbecidos y personas falsas que traicionan y dividen a cada paso que dan; el fenómeno del poder como Foucault lo denominó siempre estará presente.

Shakespeare será un referente obligado, sus dramas y tragedias bien valen la pena leerlas y releerlas una y otra vez a fin de comprender lo complejo del ser humano: “Dar palabras al dolor, porque dolor que no se expresa rompe el corazón”, afirmó el dramaturgo inglés.

Por supuesto, hemos de reconocer, como se dijo, que México es no es un país de lectores asiduos, que nuestro promedio de lectura por persona es bajo; que las matemáticas no se nos dan; que existen carreras universitarias en exceso saturadas y por tanto, el campo de trabajo muy reducido, con expectativas de crecimiento muy mermadas para nuestros jóvenes, también parte del surgimiento de una serie de todo tipo de instituciones educativas que sólo lucran con sus educandos y lejos de “leer y estudiar” libros, hoy se consultan “apuntes” o el Internet es muy práctico, pero también pernicioso si no se le da el uso correcto a ese tipo de nuevas tecnologías, dado que bien empleadas nos pueden servir de mucho.

Para el anecdotario recuerdo que, un viejo maestro de amparo de ojos y mirada caída, pero de brillante trayectoria en el Poder Judicial de la Federación, al verme angustiado ante un cúmulo de expedientes que tenía que resolver en los breves plazos, me dijo: “mire usted joven, para realizar una sentencia sólo se necesitan saber dos cosas: leer y escribir”; perplejo, le contesté que no lo comprendía, a lo que replicó que quién lee no sólo Derecho, sino que tiene horizontes culturales siempre tendrá una mejor capacidad de análisis y síntesis de ideas para plasmarlas de forma mejor.

Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana y Especialista en Justicia Constitucional

Comentarios