La vida, un don que no nos debe cansar

Gonzalo Guerrero Renaud

Se ha hecho tradicional que el mes de agosto sea considerado en México el mes del adulto mayor. La celebración la relacionan con el hecho de que un locutor chihuahuense, Edgar Gaytán, a principios de los noventa, promovió que el 28 de agosto se celebrara el Día del Abuelo. La ONU, por su parte, celebra el día 1 de octubre el Día Internacional de las Personas de Edad.

El reconocimiento y apoyo a los adultos mayores debe ser siempre, pero también es bueno que haya un mes del año y un día en particular que se les reconozca y que se reflexione sobre esta etapa de la vida, la cual, lejos de verla como algo pesado o difícil, debe verse como una oportunidad de aportar sabiduría, experiencias y afecto a los demás.

El papa Juan Pablo II, en su Carta a los Ancianos, recuerda el salmo 71, que “Dios mío, me has instruido desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, ahora, en la vejez y las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que anuncie a la nueva generación tus proezas y tus victorias excelsas”. En otra parte de la carta, dice que “el don de la vida, a pesar de la fatiga y el dolor, es demasiado bello y valioso para que nos cansemos de él”.

Continúa diciendo que “Así como la infancia y la juventud son el período en el cual el ser humano está en formación, vive proyectado hacia el futuro y, tomando conciencia de sus capacidades, traza proyectos para la edad adulta, también la vejez tiene sus ventajas porque —como observa san Jerónimo—, atenuando el ímpetu de las pasiones, ‘acrecienta la sabiduría y da consejos más maduros’”.

El papa Francisco, en reciente mensaje, dijo que “A veces descartamos a los ancianos, pero ellos son un tesoro precioso: descartarlos es injusto y una pérdida irreparable.”

Hoy en día, las estructuras sociales, centradas muchas veces en el crecimiento económico y en la producción de bienes de consumo, hacen que la mayoría de nosotros estemos “demasiado ocupados” para poder estar con los adultos mayores o, al menos, visitarlos. Y no solo a nuestros familiares. En la mayoría de las colonias de nuestras ciudades suele haber adultos mayores solos, algunos de los cuales tienen dificultades para desplazarse a comprar sus alimentos o, incluso, ya no pueden salir.

En la ciudad de México se calcula que viven más de un millón cien mil mayores de 65 años, de los cuales unos 150 mil viven solos. En el estado de Querétaro se estima en 140 mil los adultos mayores, de los cuales, hay cerca de 60 mil en el municipio de Querétaro; 17 mil en San Juan del Río, 10 mil en Corregidora; 7 mil en El Marqués, y unos 6 mil en Amealco. La tendencia demográfica provocada por las políticas antinatalistas es que cada vez hay más adultos mayores con relación a los menores.

Afortunadamente, el apoyo a los adultos mayores en centros comunitarios o asilos, gubernamentales o privados, han aumentado, especialmente en las zonas urbanas, que es donde el estilo de vida genera una mayor dificultad para que las personas mayores se mantengan integradas a sus familias, a diferencia de las zonas rurales en las cuales, aunque se lleve una vida más austera económicamente hablando, pero se cuenta con mayores recursos de espacio, tiempo y voluntad para permanecer con los ancianitos.

Tenemos qué reflexionar respecto a los estilos de vida que estamos generando con nuestra participación o no participación en la construcción de la vida social y política. La vida es un don demasiado bello, recibido gratuitamente, que podemos aprovechar plenamente en todas las etapas de la vida si no perdemos de vista la realidad de porqué y para qué fuimos creados.

Por lo pronto, este mes de agosto, reconozcamos y celebremos a los adultos mayores.

 

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