La salud, el tesoro menospreciado

Por qué esperar hasta tener que corregir hábitos de manera forzada, cuando podemos hacerlo aún con plena conciencia de que lo que hacemos; es invertir en nosotros mismos, en ganarle tiempo al tiempo para cuando el envejecimiento y deterioro físico serán inevitables
09/10/2018
07:38
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En efecto, “nadie sabe lo que tiene, hasta que lo ve perdido”, refrán que aplica a una gran variedad de circunstancias de la vida humana. Para el caso de esta aportación semanal #DesdeCabina quiero resaltar ese valor aparentemente entendido, que es contar con salud, por no hablar de aquello que deberíamos tener, incluso, más que entendido, el procurarla.

Hace algunas semanas, cuando el cuerpo me pasó la factura por descuidar mi alimentación, reconocía, en cama, la importancia de otra frase que dice “… somos lo que comemos…”, y antes de pensar que yo sería unos tacos de suadero con mucho cilantro —mi primera reacción—, entendí con dolor cuan cierta es esta sutil aseveración; si llenamos nuestro cuerpo de alimentos sin verdadero contenido nutricional no podemos esperar tener químicas sanguíneas ni perfiles de lípidos dentro de los valores de referencia para nuestra edad, sin considerar si quiera la carta genética que nos tocó, la cual podría contar con predisposición hereditaria para el desarrollo de enfermedades crónico degenerativas que pueden aparecer a temprana etapa de nuestra edad adulta poniendo en riesgo nuestra calidad de vida presente y futura.

Según información publicada por el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) en un reporte de mayo pasado, México enfrenta retos enormes en materia de salud pública producto de la deriva que ha presentado el presupuesto público dedicado a este rubro en los últimos años. Además de este grave problema de mejora de la política pública en materia de salud, resalta este y otros estudios (Inegi, 2016) que siete de las diez principales causas de mortandad en nuestro país son producto de enfermedades crónicas, entre las que destacan enfermedades del corazón, diabetes mellitus, enfermedades del hígado, padecimientos cardiovasculares, enfermedades pulmonares obstructivas crónicas, por mencionar las más conocidas.

La situación aquí no es asustar, sino hacer conciencia del cuidado que debemos tener tanto organizaciones como individuos en lo particular, de nuestra salud y de todas las implicaciones que esto conlleva. Dice otro dicho “Uno no decide su futuro; uno decide sus hábitos, y los hábitos deciden nuestro futuro”; con esto —que aplica igualmente para muchos aspectos de la vida—, es entender que tener o procurar la salud es una situación de todos los días, misma que no debe de forzarse por situaciones estéticas o por prescripción médica, ya cuando las enfermedades crónico degenerativas aparecieron y es imposible revertirlas. La situación de promover hábitos alimenticios saludables, y actividad física moderada pero constante es la clave. Si adicionalmente uno es consciente de la carta genética con la que nacimos pues la cosa se complica aún más.

Parafraseando lo que decía al inicio de esta colaboración, nadie se da cuenta de la importancia de contar con la salud, hasta que deja de tenerla. Luego entonces por qué esperar hasta tener que corregir hábitos de manera forzada, cuando podemos hacerlo aún con plena conciencia de que lo que hacemos es invertir en nosotros mismos, en ganarle tiempo al tiempo para cuando el envejecimiento y deterioro físico serán inevitables; por qué no asumir pequeños cambios en los hábitos alimenticios y de activación física que nos impulsen a construir una vida más sana y que de paso nos permitan valorar ese tesoro que a veces menospreciamos, nuestra salud. #SíSePuede. 

Rector de la UNAQ
@Jorge_GVR

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