La reforma de Pemex

Editorial El Universal

En su gira por Europa, el presidente electo Enrique Peña Nieto ha reiterado su intención de impulsar una reforma que explore todas las fórmulas posibles de generación de energía —mientras más limpias mejor— y se ha pronunciado por la apertura de Pemex al capital privado, pero sin privatizar la paraestatal, según enfatizó ayer.

El tema, por supuesto, merece una discusión seria, pero impostergable. Las propuestas en tal sentido suelen dividir y polarizar, en tanto que se trata de recursos propiedad de la nación, inalienables bajo cualquier circunstancia. En ese tenor, hablar de privatización no tiene sentido.

Por el contrario, hay que analizar las alternativas de participación privada en Pemex, sin dogmatismos. De hecho los particulares ya intervienen e invierten en la paraestatal. Hay que regular su participación y hacerla más transparente.

Y aun así, antes de cualquier otra cosa, los mexicanos nos debemos poner de acuerdo en qué tipo de Pemex queremos y hasta dónde se está dispuesto a modificar su régimen fiscal, ya que actualmente se le extraen todas sus utilidades para satisfacer casi una tercera parte del presupuesto federal, sin que la empresa logre tener números negros ni tenga inversión ni sea saludable.

 

Por ello, un primer paso es contar con un diagnóstico puntual que nos permita ubicar el estado real que guarda la paraestatal para poder definir con claridad cuáles son sus requerimientos fiscales. Debemos responder de una vez por todas si es que el erario del país seguirá dependiendo de los ingresos que proceden de Pemex, o en qué medida esta empresa podrá hacer uso de sus ganancias para su propio desarrollo, sean éstas de origen privado o público, da igual.

 

Una vez definidos esos temas, entonces se debe detallar con precisión en qué áreas es oportuno permitir que ingrese capital privado, en el entendido de que la inversión privada tampoco es panacea y no se puede pensar que este mecanismo por sí solo resolverá los problemas energéticos del país. Únicamente cuando el capital privado sea adecuado para generar riqueza en beneficio de la paraestatal, entonces esa posibilidad debe ser explorada.

Necesitamos una compañía de petróleos en desarrollo, de forma que pueda repartir sus réditos racionalmente para el provecho de la nación a la que sirve. Modelos en el mundo hay muchos y muy exitosos; elijamos el mejor.

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