La política exterior rusa

Jean Meyer

¿Por qué Rusia ha sostenido a la Siria de Bashar el Asad, contra todas las presiones ejercidas por los Estados Unidos y Europa? La política exterior de la URSS no era un tema de discusión porque la definía y ejercía el gobierno. Con la perestroika de Gorbachov todo cambió y los debates se volvieron todavía más generalizados y apasionados en tiempos de Boris Yeltsin, en los primeros años de la segunda república de Rusia.

¿Alinearse con el Occidente o buscar una vía propiamente rusa? Los “eurasistas” defendían, y defienden, la segunda vía, al afirmar que Rusia no pertenece a Europa, sino que se encuentra entre Asia y Europa, pero cargando más hacía el mundo musulmán y el Extremo Oriente. Uno de los teóricos más famosos del “Eurasismo”, Alexander Duguin, ha retomado ese tema desarrollado en los años 1920 en los círculos de la emigración rusa, y luego por el geopolítico Gumiliev, fusilado por órdenes de Lenin. Según esas teorías, Rusia debe crear un espacio suyo (eso no implica conquista ni anexión) desde Ucrania y Bielorrusia hasta Asia Central, una unión económica en la cual podrían entrar Serbia, Grecia, Irán, Irak, Siria e India.

En frente, los “atlantistas” defienden la orientación hacia Occidente y sus valores, pero también la integración a su economía que, piensan ellos, seguirá siendo el centro de la economía mundial para rato. El historiador está tentado de interpretar ese debate, en la continuidad del que opuso, en el siglo XIX, “eslavófilos” y “occidentalistas” y que volvió a encender la revolución bolchevique.

Tanto Gorbachov como Yeltsin fueron “atlantistas”, en toda buena fe y con una conmovedora ingenuidad. Pensaban que Europa y Estados Unidos iban a ayudarlos a llevar el país a la democracia en la prosperidad, esperaban el equivalente del Plan Marshall que, después de la Segunda Guerra Mundial, reconstruyó a Europa. Soñaron con un eje ruso-americano, mientras que los “patriotas” los acusaban de someterse vergonzosamente y de manera “infantil” a Washington.

Para Yeltsin, la intervención occidental en la Guerra de los Balcanes, los bombardeos de la OTAN en Serbia, fueron inaceptables y lo llevaron a emprender la vuelta euroasiática; nombra en la Secretaría de Relaciones a Evgueni Primakov, especialista del mundo árabe, nacido en Teherán. En estos años, 1995-2000, se diseña la política exterior de Rusia, tal como la continúa el presidente Putin: lazos económicos con Bielorrusia, Ucrania, Asia Central; relaciones más estrechas con Medio Oriente, Asia del Sur y China. No duda en enfrentar a EU, al acercarse a los “Estados-bandidos” (dice Washington) de Irán, Irak, Libia, Siria, Corea del Norte. La nueva guerra de Chechenia, al otoño de 1999, acaba de distanciar a Moscú de Occidente.

La diplomacia de Vladimir Putin, entre 2000 y 2012 ha seguido las líneas definidas por Yeltsin y Primakov. Ha sido mucho más eficiente, tanto por las ideas claras del nuevo dirigente como por las circunstancias que le han sido más favorables. El alza del precio del petróleo y del gas le da los medios de su política, mientras que EU se empantanan en las guerras de Irak y Afganistán. La crisis económica que empezó en 2007 y sigue hasta la fecha, la creciente rivalidad sino-americana dan a pensar a Moscú que el debilitamiento del gran rival estadounidense ha empezado.

En la crisis de Libia, Moscú quiso dar una prueba de su buena voluntad al aceptar la creación de una “zona de exclusión aérea” sobre este país. La guerra llevada por la OTAN contra su aliado Gdafi fue resentida como una traición. Todo esto permite entender su posición presente en el caso de Siria.

Profesor e investigador del CIDE

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