La parábola de Maquiavelo

Diódoro Carrasco Santana

En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven —Nicolás Maquiavelo

El teórico político renacentista Nicolás Maquiavelo describe una idea en el capitulo sexto de su libro El Príncipe, que se títula “De las soberanías nuevas que uno adquiere con sus propias armas de valor”. En el texto el autor nos dice: “…Debe hacer como los arqueros bien advertidos que, viendo su blanco muy distante para la fuerza de su arco, apuntan mucho más alto que el objeto que tienen en mira, no para que su vigor y flechas alcancen a un punto de mira en esta altura, sino a fin de poder, asestando así, llegar en línea parabólica a su verdadero blanco…”

Lo antes descrito ayudaría a esclarecer el entramado político que se ha articulado por el informe de actividades del diputado federal panista Ricardo Anaya Cortés. Y es que gran revuelo causó la campaña que prácticamente invadió el estado y en la cual se anunciaba el primer informe de actividades de Anaya Cortés referente a su trabajo legislativo.

Propios y extraños se preguntaron la causa de tan intensa publicidad referente al diputado y a su evento; articulistas, periodistas, twitteros y los propios panistas se pronunciaron respecto a este suceso político, el cual aún no termina de ser decodificado por la clase política queretana. Hay quien dice que el diputado busca posicionar su imagen para ocupar algún cargo público cuando termine su gestión, lo cual sin duda alguna es el quid del entramado. Lo que aún no queda claro es si dicho cargo será de elección popular o de representación proporcional o algún encargo administrativo. De ahí la polémica de quienes juzgan por ver, más no por comprender.

Los hay quienes incluso aseguran que Anaya tiene puesta la mira en un objetivo muy alto: la gubernatura. Blanco que, como bien apunta Maquiavelo, es por demás distante para la fuerza del ballestero Anaya.

Sin embargo, quienes intentan descifrar, entender y comprender el códice Anaya ponen los ojos en su naturaleza: astucia, inteligencia y hasta maquiavelismo, de ahí que atendiendo la idea del teórico florentino, podemos quizá comprender mejor las intenciones del hoy diputado federal.

Ricardo Anaya, como arquero bien advertido, tiene la mira apuntando mucho más alto que el objetivo que desea alcanzar. Sabe que una de sus debilidades es el poco conocimiento que el pueblo tiene de su persona, con lo cual el vigor visto en estos días, la fuerza publicitaria, el ímpetu del legislador, hacen suponer que Anaya piensa en el Palacio de la Corregidora porque la magnitud de sus actos tienen el punto de mira en esa altura. Pero lo cierto es que la línea parabólica de su estrategia muy probablemente de en otro blanco: el Centro Cívico Municipal.

Y es que Ricardo es consciente que hoy su partido es oposición en los tres niveles de gobierno. Que el PRI hará lo imposible por retener la gubernatura, que el desgaste en una lucha de esas magnitudes es mayor, y sobre todo tiene claro que no es nada fácil ganar esa elección. Si es paciente, puede salir con unidad y tener un ejército valeroso; puede concebir que es mejor dejar el trabajo pesado a quien ya tiene recorrido mayor trecho, total, puede ser alcalde en 2015, senador en 2018 y después gobernador en el 2021.

Consejero de Coparmex

Comentarios