La OEA y la libre expresión

Editorial El Universal

Conciliador, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza aceptó que hay naciones a las que no les gusta la actuación de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE), instancia de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) que año tras año emite un informe respecto a la situación en los países, pero tampoco ve ningún intento o “presión exagerada” por parte de bloques de países que pretendan fracturar el sistema.

Y reiteró que dicha relatoría no corre ningún riesgo de ser afectada o reestructurada, “no se le quitarán recursos, está bien financiada y tiene todo el respaldo de la Secretaría General”, advirtió el diplomático.

Qué bien que tal sea el mensaje, porque sí ha inquietado el tono usado por algunas naciones, particularmente Ecuador, Bolivia, Venezuela y Brasil, que se han sentido afectadas por las recomendaciones de la CIDH, al grado de pedir su disolución. Estas naciones en algún momento han considerado que algunas medidas cautelares dictadas en su contra son exageradas o que deberían ser dictadas por la Corte y no por la Comisión, o que los montos de las reparaciones que fijan a los gobiernos es excesivo.

Todos ellos asuntos que se pueden negociar, como asegura el propio Insulza, pero que no deben llevarse a los extremos de cuestionar la honorabilidad y pertinencia de la relatoría, que tiene entre sus tareas la de salvaguardar uno de los bastiones de la democracia continental que es la libertad de expresión.

Como se ha reiterado en muchos foros iberoamericanos, las amenazas a la libre expresión de las ideas y tránsito de las mismas están más vigentes que nunca, por lo que no se debe bajar la guardia en su defensa ni desmantelar las instituciones que se han creado para defenderlas con pretextos administrativos o legaloides. Gobiernos autoritarios, poderes fácticos locales y el crimen organizado trasnacional buscan minar las libertades ciudadanas. No debemos permitir ni actuar, así sea indirectamente, en favor de quienes no quieren que los ciudadanos de este continente tengan una prensa verdaderamente libre.

Las palabras de Insulza alientan, pero también comprometen, ya que el fortalecimiento de la RELE debe emprenderse con entusiasmo, y los países unirse en torno al secretario general de la OEA en este empeño. Aquí no se trata la defensa de un gremio, sino de la democracia misma.

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