24 / julio / 2021 | 00:30 hrs.

La humillación

Rodrigo García Santana

Hablar de la humillación es hablar de sentir vergüenza, porque alguien lastima nuestra dignidad, ofendiéndonos y menospreciándonos por mil factores que puedan presentarse.
En el ámbito laboral, sentimental, profesional, en la universidad, ¿cuántas veces hemos escuchado decir a compañeros, colegas, amigos: “no aceptaré otra humillación”? En efecto, esta acción se da más de lo que pensamos en nuestra sociedad y en todos los niveles, no hay distingo.

En la actualidad, quienes utilizan la humillación como sistema de mando para cumplir los objetivos laborales, visualizan la situación de una manera diferente y errónea, es decir, como disponibilidad para desempeñar diversos cargos, aunque, por lo regular, esas labores las desempeñan otras personas (manipulación). Para todas aquellas personas, que alguna vez han sido objeto de este sentimiento, les comparto esta fábula de Enrique Villareal.

No por ser mi jefe.

Estimado jefe:
Deseo manifestarle algunos puntos en los cuales no estoy de acuerdo en la forma de conducir la empresa. Es cierto, al final usted es él que pone las reglas, pero piense que la vida da muchas vueltas, el día de mañana en su camino hacia a la cumbre se puede encontrar a alguna persona con la que tenga cuentas pendientes por lo que le solicito: no me humille y menos frente a los demás, soy su empleado no su esclavo. Afortunadamente hace mucho tiempo desapareció la esclavitud; recuerde que con la vara que mida será medido.

No me grite, de todos modos lo escucho. Alzar la voz no lo hace más importante ante los demás; en cambio, si habla de una manera pausada y serena, hará que lo respetemos más.

Enseñe con el ejemplo. “Dicen que la palabra convence, pero el ejemplo arrastra”. Cómo me reclama por la impuntualidad, si no es puntual; como pregona su honestidad, si los dos sabemos en nuestro interior que no es honesto, recuerde que la diferencia entre el jefe y el líder es que el primero ordena y el segundo inspira.
Escúcheme, si me escucha, yo aprenderé a escuchar a los demás; pero si no me escucha, el mismo trato lo recibirán los clientes. ¿Por qué no mejoramos la comunicación?
De instrucciones claras. A veces no entiendo lo que me dice, descríbame lo que quiere paso a paso y luego pregúnteme que fue lo que entendí, y escúcheme para tener una comunicación clara y no cometer errores.

Capacíteme. Hay quien dice que la capacitación es cara, pero la ignorancia lo es más, si quiere tener excelentes resultados de todos sus empleados, la única manera de lograrlo consiste en capacitar a su gente.

Resuelva sus problemas y no se desquite conmigo. Yo no tengo la culpa de sus problemas personales. Si usted tuvo una discusión en su hogar o en otro lugar, no es mi problema; no quiera venir a desquitarse conmigo por depender de usted: eso es cobardía.

Respete mi tiempo. Yo tengo familia, tengo otras obligaciones fuera de la empresa, tengo mis propios pasatiempos y estoy consciente de mi labor en la institución. Se cuándo tengo que quedarme más tiempo para cumplir con mis obligaciones, pero no me haga perder mi tiempo porque sí. Recuerde: no siempre el que se queda más tiempo en el trabajo es más productivo.

Demuestre in interés genuino en mí. Sí usted demuestra interés en sus empleados, nosotros nos vamos a interesar en usted; va a crecer nuestra moral y autoestima, hablaremos con sinceridad, franqueza y aportemos grandes ideas, fomentando la lealtad a la empresa. Recuerde que la gente sigue a quien demuestra interés genuino en ella.

Piense que al final el trato que usted nos brinde es el mismo que daremos a los clientes y que la culpa del 80 % de los errores en la empresa son del jefe. “Cuando su empresa esté en problemas, cuando lo despidan o nadie quiera trabajar con usted, no diga: ¿qué error habré cometido para haber caído en estas circunstancias?”.

¿Qué esperas para cambiar tu forma de mando? Reflexiona y actúa.

*Presidente de los Jóvenes de la CANACOPE-CANIRAC Querétaro.

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