La consulta

Guillermo Tamborrel

La decisión se debiese tomar considerando aspectos técnicos y no con base en “el sentir ciudadano”

Lamentable fue la ocurrencia del presidente electo Andrés Manuel López Obrador de llevar a consulta ciudadana la continuación o cancelación de la obra del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Independientemente de que la consulta como la ha planteado no cumple con los requisitos que establece la Constitución, es un error proponerla y peor, llevarla a cabo.

Primero, porque la consulta ciudadana no era necesaria ni tampoco la ciudadanía la estaba demandando. La opinión pública en general estaba de acuerdo con que el gobierno concesionara la obra y operación del nuevo aeropuerto y que para ello se revisaran los contratos existentes.

Segundo, porque la esencia de la decisión era y es técnica. Es decir la decisión se debiese tomar considerando aspectos técnicos y no con base en “el sentir ciudadano”. Sentir que, por cierto, carece de los conocimientos necesarios para emitir una opinión tal y como lo hemos podido observar en los señalamientos, memes y burlas, publicados por los mismos ciudadanos en las diversas redes sociales.

Es de señalarse que ya existen estudios serios por parte de los mejores expertos a nivel mundial que, sin rodeos, señalan que operar comercial y simultáneamente los dos aeropuertos existentes (AICM y Santa Lucía) no es posible por cuestiones de “tráfico y espacio aéreo”. Hacerlo pondría en grave riesgo la integridad de los aviones/pasajeros como también de las personas que pudiesen verse afectadas en tierra ante un desplome. En suma, la opinión técnica se inclina por la continuación de la obra.

Tercero. El resultado de la consulta, cualquiera que sea, implicará un mayor o menor costo económico y político para el presidente electo. Si el resultado de la consulta fuese el de parar la obra y, por ende, el de construir un segundo aeropuerto comercial en el hoy aeropuerto militar de Santa Lucía, y el presidente tomase la decisión de así hacerlo, el costo de ello sería inconmensurable no solo por los miles de millones de pesos ya invertidos en la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco, sino también por el pésimo mensaje que enviaría a los inversionistas (se antoja difícil que si los inversionistas, nacionales y extranjeros, observan que los contratos no son respetados por parte del gobierno federal vuelvan a invertir en el país. Léase: menos inversión, menor generación de empleos. Costo político impagable si, a raíz de la operación simultánea de los dos aeropuertos y en contra de la recomendación de los expertos, ocurriese un accidente. El presidente sería visto como el responsable.

Si el presidente decidiera continuar la obra, en contra del resultado de la consulta, la gente, sobre todo sus seguidores, se preguntaría el para qué de la consulta si, de todas maneras, iba a hacer lo que quería, además de haber implicado con ello un desgaste innecesario.

Si el resultado de la consulta fuese el de continuar con el aeropuerto de Texcoco le gente se preguntaría el para qué se hizo el gasto (coloquialmente nos preguntaríamos: ¿para qué tanto brinco estando el piso tan parejo?).

Tengo la impresión de que el licenciado López Obrador cuando propuso la consulta se olvidó de que ya es presidente electo. Le sugeriría que ya no abunde en el tema porque, como en un pantano, al tratar de remediarlo se hunde más.

Fuente de los deseos: Ojalá el presidente electo decida cancelar o, al menos, replantear la consulta, para continuar con la obra del nuevo aeropuerto que tanta falta nos hace como país.

 

 

 

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