La Biología de la Creencia

Eli Martínez

El biólogo Bruce Lipton, autor de “La Biología de la Creencia”, nos explica de manera muy sencilla como el entorno afecta a las células. Y se preguntarán, ¿qué tiene que ver esto con las creencias?. Les voy a explicar, el Dr. Lipton, ha dedicado su vida a estudiar a las mismas y descubre que las células están determinadas por su entorno.

Durante sus investigaciones quitó el núcleo celular, donde se encuentra el ADN. Hasta hace poco tiempo, se consideraba éste como el cerebro de las células. Pero, en su experimento, las células, a pesar de no tener núcleo, ¡permanecieron vivas! ¿Por qué no se murieron?, si esto no es el cerebro, ¿qué parte de la célula es el cerebro? Al momento de sembrar células madre idénticas en cajas de Petri, una con células grasas, otra con células de músculo y otra con células nerviosas, se dio cuenta que las células madres se convertían en lo que contenía la caja de Petri. Es decir, la membrana celular es el verdadero cerebro. La membrana sólo admite a través de sus receptores (que son como pequeñas cerraduras) la información del entorno que reconoce. Por ejemplo, si llega una señal en forma de proteína de color rojo (que sería como la llave) y la membrana tiene un receptor color rojo, la información penetra en la célula, llega al núcleo y la transforma o realiza las funciones de ese color específico. Pero, si la señal que llega, es color azul, y la célula no tiene ese receptor, no va a percibir esa información, aunque sea buena para ella…. Al momento en que hay división celular, las nuevas células solo traerán la información que esté contenida en el núcleo.

En el caso del cuerpo, nosotros también estamos respondiendo todo el tiempo a la información que  viene del entorno. Un ejemplo de esto, es cuando sudamos. El cuerpo responde al estímulo del calor y el cuerpo se adapta al clima.

Pero pensemos en el caso del miedo. Si en mis células y en mi cuerpo, están instaladas las respuestas de esta emoción porque mi madre, durante su embarazo, estuvo muy estresada, el cerebro da la instrucción al cuerpo de que el riego de sangre vaya más a las extremidades, el bebé  desarrollará más el cerebro reptiliano (que tiene que ver con la sobrevivencia), que el neo-cortex (que tiene que ver con la inteligencia y creatividad), así como el bombeo de sangre a las extremidades porque se estará preparando para la sobrevivencia igual que la madre. El estado de ánimo de ella,  influye hasta el 52% en la inteligencia del niño.

En nuestras vidas, el niño, desde el embarazo, es como un ipod en blanco. El entorno es el que va introduciendo la información al niño, éste es solo una grabadora. De los 0 a los 2 años el bebé trabaja en ondas Delta (1 a 4 cps) del cerebro, que son lentas y permiten al bebé absorber de manera muy profunda toda la información del entorno. Los sentidos (vista, gusto, olfato, oído y tacto), funcionan como los receptores celulares, de tal manera, que es una esponja que absorbe todo. De los 2 a los 7 años, el niño trabaja en ondas Theta (4 a 8 cps), las cuales son las que usamos en estados de hipnosis o sueño muy profundo. Aquí también el niño tiene una capacidad muy profunda de asimilación de la información. Pero en estas dos etapas, es donde se construye el inconsciente, el cual constituye  entre el 95 y 97% de nuestras creencias. Sólo entre el 3 y el 5% está en la consciente.

El niño observa todas las reacciones de los padres y del medio, de tal manera que eso es lo que graba; así aprende como debe reaccionar ante los diferentes estímulos. En estas etapas es donde aprendemos a gestionar nuestros sentimientos, comportamientos y conductas.

Ahora imagínate que como adulto; si tienes ganas de tener dinero o una relación de pareja, pero por más que lo intentas no lo logras, esto se debe a que a nivel inconsciente, tienes estas creencias limitantes grabadas en los primeros años que, sin darte cuenta,  estas actuando ahora. ¿Quieres saber como traerlas a la conciencia? Se los explicaré la próxima semana.

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