Kiyosaki, en la ley mexicana

Luis Vázquez

Sólo tienes un cierto número de horas en un día y un límite para las que puedes trabajar. Entonces, ¿Por qué trabajar duramente para conseguir dinero? Aprende a hacer que el dinero y la gente trabajen para ti y serás libre para hacer las cosas importantes. Robert T. Kiyosaki

De acuerdo con el artículo 252 de Ley General de Sociedades Mercantiles, las asociación en participación es un contrato por el cual una persona concede a otras que le aportan bienes o servicios, una participación en las utilidades y en las perdidas de una negociación mercantil o de una o varias operaciones de comercio.

Un ejemplo práctico nos permitirá comprender el concepto de mejor manera: Un emprendedor tiene los recursos para crear una compañía de taxis y otros transportes, tiene todos los recursos materiales y económicos para hacerlo, pero carece del tiempo y de los elementos técnicos. Resuelve encontrar a alguien que se encargue de trabajar en los vehículos, mientras que el aporta el capital, el otro aportara el trabajo y la responsabilidad jurídica. El inversionista se convierte así en el asociado y el que habrá de gestionar el negocio en el asociante.

El asociante puede tener todos los socios que desee, así como el inversionista puede pertenecer a todas las sociedades que le apetezca. Dicho de forma más simple: el asociado pone el capital y el asociante lo trabaja, repartiéndose las utilidades según lo estipulado en su contrato o a razón del 50%, como lo marca la ley.

Debido al ámbito doctrinario de esta figura, es casi sorprendente (y muy afortunado) que se encuentre contemplado en nuestra legislación. La asociación en participación no tiene una personalidad jurídica y por ende no tiene patrimonio, todas las operaciones se hacen a nombre y por cuenta del asociante y los miembros de ésta no se pueden ostentar como participes de una sociedad, por tanto, los autores doctrinarios hablan de que es una sociedad “oculta”, en el sentido de que no existe como persona y no se puede ostentar como tal.

El autor del best-seller Padre rico, padre pobre, y de algunos libros más, Robert T. Kiyosaki propone una filosofía cuyo concepto núcleo es hacer que el capital haga más capital por sí mismo, si es necesario, auxiliado por el trabajo de otras personas, pero preferentemente no de su dueño. Es decir, propone que el dinero haga dinero.

Los beneficios de hacer negocios con esta estructura jurídica son para ambas partes, por un lado, los socios reciben utilidades sin trabajar y por el otro el asociante puede realizar el negocio que deseaba sin contar con el capital suficiente y sin pedir ningún préstamo. Cabe destacar que existen numerosas ocasiones en las que el asociante cuenta con la cantidad necesaria de dinero para llevar a flote su negocio, sin embargo, considera que es demasiado riesgoso y para prevenirse, busca repartir las pérdidas.

Mientras ellos se dedican a hacer otras actividades, hay un asociante que se encarga de acrecentar sus inversiones. También quienes son renuentes (y con justa razón) para contraer un crédito en una institución bancaria, pueden obtener los recursos que tanto necesitan a través de la asociación en participación.

Estudiante de la Facultad de Contaduría, UAQ

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