José Emilio 1 y 2

Julio Figueroa

Recuerdo que su Inventario fue para muchos nuestra universidad literaria abierta hacia los cuatro puntos cardinales del mundo de las letras, pero no sé si sus lectores estuvimos a la altura del maestro

1

Recuerdo la primera carta que me llegó de José Emilio Pacheco a la dirección de Actopan, Colonia Roma, 1979, pero no recuerdo qué decía ni dónde quedó la cartita. 

Recuerdo el primer libro que leí de Pacheco, portada verde, de la editorial Joaquín Mortiz, poemas del Premio Aguascalientes, 1969, No me preguntes cómo pasa el tiempo, pero no recuerdo de cuál librería Zaplana me lo volé. 

Recuerdo las últimas veces que lo vi personalmente, no recuerdo la primera… 

Recuerdo que su Inventario fue para muchos nuestra universidad literaria, abierta hacia los cuatro puntos cardinales del mundo de las letras, pero no sé si sus lectores estuvimos a la altura del maestro. 

Recuerdo mis hojitas sueltas (cartas, comentarios de su lectura, notas, boberías e impertinencias) que le dejaba debajo de la puerta de su casa, esquina de Reynosa y Choapa, Colonia Hipódromo Condesa, atrás del cine Bella Época, hoy librería del FCE Rosario Castellanos, pero nunca supe si las vería o no. 

Recuerdo el sábado de mi lectura emocionada de un jalón de Las batallas en el desierto en el “Sábado”, de Fernando Benítez, gracias a mi amigo Juan Leyva, “¿Ya leíste a José Emilio en Sábado?”, pero no recuerdo el trabajo que no hice ese día en la oficina del profesor Enrique Ruiz García.

Recuerdo al Señor de los desastres (nunca le gustó este calificativo) consolando, en dos momentos y sitios diferentes, a dos mujeres desconsoladas por los desastres del mundo, pero no recuerdo las palabras, sólo las vistas, una en amarillo y otra en gris piedra.  

Recuerdo tantas cosas… y he olvidado tantas otras… 

2

Mar de lectores

De un tiempo a esta parte ya no lo veo solamente como el mar eterno cuya prosa, tono y mirada nos sale por todas partes, como el mar eterno de su poema que comienza donde lo hayas por vez primera y luego lo encuentras por todos lados. 

De un tiempo a esta parte se me aparece como la montaña mágica que de pronto (como el Popo y el Izta y el Cimatario) se hace visible y más hermosa y entrañable y significativa que nunca, y crece y crece y crece…  

Esto que digo es sobre todo gracias a los Textos a la deriva, de Jesús Quintero y a la lectura y relectura de la antología de sus Inventarios, más los que quedaron fuera y lo mucho que aún anda suelto y que precisamente Quintero nos viene acercando en su blog de luz. Gracias. 

Como el mar profundo es insondable y como la montaña mágica y misteriosa aparece, flota, se eleva, desaparece y es inalcanzable e inconfundible. 

+ José Emilio + Domingo 26 de enero 2014 + Viernes 26 de enero 2018 + José Emilio Pacheco Berny + Ya es el tiempo abierto de sus letras de luz negra y multicolor + 1939-2014-2018… Montaña de letras y mar de lectores.

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