Jardín Guerrero

Víctor López Jaramillo

Las ciudades no son sólo una obra de ingeniería, no son sólo piedra y hierro. No son sólo una construcción arquitectónica, las ciudades también son una construcción social. La ciudad es una sumatoria de pasiones, sueños, edificios, plazas, espacios públicos. Dejemos de lado esa metáfora del siglo XX que llamaba a las ciudades junglas de asfalto.

Cada generación da significado a sus espacios públicos, a sus edificios. El Coliseo era el espacio de espectáculos de la capital del imperio romano. Hoy, es un monumento que nos recuerda los orígenes de la civilización occidental.

Así, en la ciudad de Querétaro, el espacio que hoy ocupa el Jardín Guerrero hace 300 años era un huerto en el Convento de Santa Clara. Hace 100 años, ahí se planeó construir la catedral pero no se concretó. Fracasado el intento se convierte en plaza-jardín, compañera de la Plaza de Armas y el Jardín Zenea. Desde el inicio mostró una vocación diferente a las otras dos plazas.

Retomamos la tesis “Plazas públicas en el Centro Histórico de Querétaro”, del sociólogo Óscar Guerrero. Una hipótesis que maneja es que “hay una serie de símbolos y significados inherentes a cada plaza, como resultado de la interacción entre la sociedad y el espacio. Esta interacción se presenta mediante múltiples actores, como la historia, la memoria colectiva, la apropiación y la desapropiación, la política pública, la traza urbana, entre otros. Luego entonces, existe un imaginario en cada espacio público (...) sobre ellas pesan construcciones sociales con significados populares.”

¿Y cuáles son las particularidades del actual Jardín Guerrero? En la tesis se afirma: “En ocasiones ha sido ocupado por grupos que podrían entenderse como disidentes sociales, es decir, en este jardín no es tan difícil encontrar parejas de homosexuales sentadas en las jardineras y bancas, o a grupos de los llamados punks, darks, góticos”. Hasta aquí la cita de la tesis.

Como conclusión, cada plaza tiene una identidad. El Jardín Guerrero es el espacio disidente donde grupos excluidos de la noble sociedad encontraban su lugar, se identificaban. Por ello, la intención de remodelar el lugar provocó una gran reacción porque se sintieron agredidos desde el poder y defendieron el espacio, la plaza que simbólicamente han construido.

Recordemos, Querétaro es muchos Querétaros y el gobierno municipal tiene la oportunidad de mostrar capacidad de diálogo y comprender que la ciudad no es un espacio levítico, sino un espacio vital y vibrante donde caben las ideas más conservadoras y las más liberales. El Querétaro del siglo XXI es plural y multicultural. El Jardín Guerrero es una prueba de ello.

Periodista y sociólogo. Docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ. Director del semanario universitario Tribuna de Querétaro

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