James Bond no traía “cash”

Juan Manuel Badillo

Se dijo tantas veces que James Bond vino para mejorar la imagen de México y nos quedamos esperando.

Se informó que por enfrentar a los malos el 007 iba a recibir beneficios fiscales por 140 millones de dólares por parte del gobierno mexicano como recompensa. El Gobierno del Distrito Federal protestó pero nunca lo negó.

No fueron pocos los que guardaron la esperanza de que el mejor detective del mundo mejoraría realmente las cosas en el país. Los menos exigentes esperaban, por lo menos, que la receta del Martini sin agitar formara parte de la canasta básica, pero ni eso sucedió.

Algunos, los más impertinentes, preguntaron que si era tan “chicho” que le entrara a los tacos de pastor de cinco por 10 pesos sobre Tlalpan y que si salía ileso de esa podía presumir de ser el mejor del mundo.

Que si era tan valiente que se diera una vuelta por la Merced o por Tacubaya sin guaruras e intentara salir sin perder la cartera o el reloj de miles de dólares.

Que en lugar de cargar pistolas y demás dispositivos extraños, que sus asesores le consiguieran morralla para los niños pobres en los cruceros y que no saliera con eso de “no traigo cash”, que dijo cierto ex presidente de México, de triste memoria.

Tampoco explicaron cómo le iba a hacer el 007 para sortear las marchas capitalinas.

Nada se pudo hacer el espía ingles por los padres de los 43 normalistas desaparecidos, los cuales no pudieron llegar con su marcha al Zócalo y recordar la desaparición de sus hijos a un año de los hechos.

James Bond no recibió a los 43 de Ayotzinapa porque se estaba agarrando a moquetazos con un malo sobre un helicóptero que maniobraba en los aires como chofer chilango de camión colectivo en estado de ebriedad.

La promesa del 007 fue que iba a mejorar la imagen de México al exterior, pero resultó lo contrario. Lo único que hizo fue brincar por los edificios antiguos de la ciudad y salir al balcón de su hotel sin saludar a los curiosos.

Pensamos, me incluyo, que James Bond sabría como hacer para que los políticos mexicanos entendieran, por las buenas o las malas, que robar no es bueno y que el que “tranza no avanza”.

Bond tampoco volteó a ver los cientos de vendedores ambulantes que no pudieron ofrecer su mercadería en el Centro Histórico. La asociación de comerciantes calcularon pérdidas por 337 millones de pesos por el cierre de comercios o las limitaciones en el trágico de clientes.

El hombre de traje impecable tampoco tuvo piedad por los miles de capitalinos que sufrieron porque el zócalo de la ciudad, corazón de país,  estaba cercado. En el peor de los casos, mucha gente ni siquiera era libre de caminar a sus hogares sin ser interrogado por los retenes de la producción.

No, James Bond no vino a salvar a México, ni a mejorar la imagen de los mexicanos en el mundo, sólo vino a confundir las cosas.

Gracias a la película de Specte el mundo creerá que en México la gente sale a las calles el Día de Muertos, el 2 de octubre, y organiza desfiles con calaveras gigantes, como festivales de samba brasileña.

Creerán que los mexicanos no subimos el metrobús disfrazados de catrinas de José Guadalupe Posada o que vamos al trabajos con el rostro pintada cual calaca tilica y flaca.

Estarán convencidos que los mexicanos festejamos a la muerte y que vamos a los cementerios y esperamos a que se levantes de sus tumbas para cenar con ellos tamales y atole.

Creerán en el mundo que somos un pueblo tan salvaje que nos matamos entre nosotros por el simple gusto o porque somos tan machos.

Todo eso gracias a James Bond, el espía inglés que vino a salvar a México y a los mexicanos y nos dejó colgados.

Es más y con ganas de intrigar. Muchos se preguntan, me incluyo, si realmente era Daniel Craig el que anduvo rondando en la ciudad de México o era su doble y sólo nos dieron gato por liebre inglesa. FIN

Comentarios