Innovar o morir en el intento

Gerardo Romero Altamirano

He visto a lo mejor de mi generación, ahogarse con empresas que no proponen nada.

En los años 30´s la esperanza de vida de una empresa rondaba los 90 años, mientras que hoy en día las actas de defunción de las organizaciones en promedio se firman a los 14 años. El diagnóstico puede ser diverso, pero la globalización, la velocidad y profundidad de los cambios que se dan en la actualidad y la falta de innovación, son algunos de los agentes que provocan este cáncer que asesina a las compañías y con ellas la ilusión de un emprendedor y su familia.

La profundidad y velocidad de los cambios, así como la adopción de nuevas tecnologías es tan ruda, que al teléfono fijo le costó cerca de 100 años alcanzar los 150 millones de usuarios alrededor del mundo, mientras que la telefonía móvil tardó solo 15 años en llegar a esa cantidad de usuarios. Facebook tardó 5 años e Instagram solo 3 para llegar a la cifra.

Los cambios en las organizaciones ya no son solo de tamaño o de transición, sino que ahora cada vez más frecuentemente vemos cambios de transformación. Esta nueva composición empresarial da como resultado que surjan empresas de giros que raramente veíamos o incluso empresas que ofrecen servicios que antes simplemente no se ocupaban ni se imaginaban.

Lo importante es que si no queremos ver en la morgue a nuestra compañía y además deseamos que pase más allá del valle de la muerte donde se quedan 75% de las empresas en los primeros dos años, es indispensable que el término “innovación” forme parte del ADN de la misma. Que imaginemos que la empresa es un ente capaz de tomar diversas formas según se lo exija el mercado o que pueda ser lo suficientemente versátil como para sacar productos y servicios diferenciados de una manera muy rápida y eficaz.

La innovación no es solamente para las empresas medianas y grandes; es más, las empresas pequeñas tienen más facilidad para innovar porque los cambios no tienen que permear a una tremenda organización ni tampoco tienen que mover procedimientos transversales que afectan a varias personas, procesos o áreas. La innovación es un tema que puede ser tan sencillo o tan complejo como queramos que sea y puede producir resultados tan importantes como los imaginemos.  

De ningún modo se me malentienda, no quiero decir que dejemos de hacer planeación estratégica de mediano y largo plazo, pero en el entendido de que esa planeación debe contener mecanismos de plasticidad para moldearnos a lo que las tendencias nos marquen, o inclusive, en el mejor de los casos, transformarnos para marcar la tendencia. Si estamos negados a innovar o a proponer, cada vez nos resultará más complicado hacerlo. En cambio, si nos hacemos innovadores constantes, aumentamos la esperanza de vida de nuestra empresa.

Sería absurdo, torpe y hasta inocente pensar que la creación y adopción de nuevas tecnologías va a desacelerar su apresurado vuelo que ha despeinado a nuestra generación. Tener una mentalidad así, equivale a recargarse en la pared con los brazos cruzados a ver como desaparece nuestra empresa.

¿No sería bochornoso permanecer sentado en una fiesta donde el mercado baila ritmos cada vez más audaces?

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