Hace no mucho tiempo sufrí un accidente automovilístico, nada grave, les platico que fui a llevar a una personita muy especial a su escuela, recuerdo que iba apresurado, ¿la razón? La misma que todos tenemos por la mañana, no llegar tarde a nuestra fuente de trabajo, en la puerta del colegio después de la bendición para el día, mis ojos logran observar que un carro venía de reversa con una velocidad moderada, toque el claxon, grite pero no obtuve éxito alguno y solo pude cerrar mis ojos para escuchar el golpe, el enojo es inmediato, desde luego, baje  del coche para hacer los reclamos debidos.

¿Mi sorpresa? Un señor altamente apenado, educado, en cuyos ojos lograba observar  la certeza de que no se dio cuenta cómo fue que paso él accidente, después de disculparse en varias ocasiones yo no paraba de ver  el reloj, me comento que llamaría a su seguro para que se hiciera cargo de los daños, le comente que no podría llegar tarde a mi trabajo, sentí que era un hombre bueno así que decidí darle mi dirección a que fuera por la tarde a arreglar lo sucedido por la mañana, a sabiendas que quizás podría no hacer caso alguno pero bueno, justo ese día no podría llegar con retardo alguno.

Transcurrió la mañana y por la tarde el caballero acudió a arreglar lo sucedido, nos conocimos, platicamos largo y tendido, me dio  la razón por la cual acudía a la institución de enfrente, me platico que su hijo tiene parálisis cerebral, que su esposa lamentablemente estaba impedida para poder llevar a su hijo, por una enfermedad que tenía  que apareció grave y repentinamente, así paso el tiempo platicamos anécdotas en fin disfrute mucho la plática del señor que me había ocasionado un detrimento material, que al fin y al cabo no fue más que un tallón y el sensor de reversa de mi automóvil, se fue el ajustador platicamos un poco más y nos despedimos, asombroso el señor que me pego era un tipazo, era un hombre bueno.

El seguro me dio mi copia para poder ir a arreglar el golpe, tenía solo  una semana para poder hacerlo, pero justo llegando el fin del tiempo decidí no hacerlo, decidí que quizás esto me lo había mandado Dios para poder valorar mi vida, mi tiempo, mi salud, la salud de mi familia, mi situación actual y cada vez que observo mi auto con su golpe recuerdo a ese hombre bueno,  y por muy mal que yo la esté pasando,  sé que puedo tener muy buena actitud con todas la cosas que pasan a mi alrededor, que no hay porque reaccionar de manera grosera ante ninguna y que la buena actitud se contagia y genera cosas buenas.

 A pesar de las dificultades que tengamos en nuestra vida debemos de tener buena actitud ante todo lo que nos pase, les puedo asegurar que eso genera cosas buenas, positivas y favorables, debemos entrenar esta actividad a diario para poder tener mayor calidad y calidez en nuestro entorno, les puedo asegurar que por muy mal que la esté pasando el hombre bueno en quien me base para esta  columna, tiene mejor armonía, calidad y calidez de vida que muchos de nosotros.

Debemos valorar también cualquier adversidad que se tenga y sacar lo mejor de ella, espero que con esta columna haya contestado la pregunta que me hicieron sobre el aspecto de mi automóvil, aspecto que me hace reflexionar y trabajar en ser mejor ser humano.                           

¿Cuándo fue la última vez que valoraste una adversidad?

Reflexiona y Actúa    

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