Historias de pobreza

Juan Manuel Badillo

Erase una vez una funcionaria del programa estatal de Oportunidades que no supo responder en una entrevista sobre cuántos pobres hay en Querétaro.

Lo grave no era que la elegante mujer no tuviera el dato, lo preocupante es que no le preocupaba tenerlo.

El asunto no tendría mayor relevancia sino se tratara de una funcionaria cuyo trabajo era atender a los habitantes de zonas populares. Pequeño detalle.

La entrevista, aclaro, fue para una revista de sociales y para platicar del outfit y del noble origen familiar de la entrevistada.

Luego entonces, la funcionaria del Programa Oportunidades que no sabe de pobreza retrata bien en las bonitas páginas de la socialité y se ve linda.

Cosas de la vida, como la historia de aquella reina francesa, María Antonieta, de triste memoria, que al enterarse que sus pobres súbditos morían de hambre simplemente dijo: “Que coman pasteles” y mandó a pedir panecillos con merengue para todos.

Historia 2

Cuentan que en una universidad privada, de prestigio, pero mala fama, algunos alumnos aseguran no saber de pobres en Querétaro.

Señalan los infantes, delfines del progreso, que la pobreza es una fauna social que por fortuna no existe en estos lares y que si llega a las puertas de sus casas es porque ha sido exportada de otros mundos, de reinos lejanos, de far far away.

Piensan esos niños que crecieron con pañal de seda, que los indocumentados centroamericanos, que viajan en tren en busca de trabajo y bajan a pedir taco en La Cañada o en Viborillas, no cuentan, que son de chocolate.

Esos jóvenes, promesas vivas del futuro de México, creen que la pobreza es parte de la falsa escenografía de una mala película. Una ficción de la realidad.

Historia 3

En la noche, en una carretera solitaria, una mujer de humilde apariencia y su pequeño hijo de 10 años pide aventón. La mujer carga un bulto y lo que parecen trapos amontonados resulta ser una niña de pocos años.

Contó la mujer que su hija “está bien mala, tiene fiebre y vómito, y vengo a ver a mi hermana para que me preste dinero y llevarla al doctor”.

La mujer, de cansadas facciones y la piel quemada por el sol del campo, dijo no tener ni un peso y salió a la calle a buscar una cura para la niña enferma.

El hijo mayor, gracias a su inocencia, no entiende bien la gravedad de la situación, porque para él viajar en aventón, a media noche, con frío, es lo más parecido a las aventuras que suele ver en la televisión, si es que tiene televisor.

La mujer, de humilde apariencia, dijo vivir El Marqués, donde vive también un afamado y rico hacendado, un político prominente que para más señas presume de tener una barba igualita a la de Maximiliano.

Para documentar el pesimismo y destruir mitos, existen los datos, tan duros como esa realidad que, aseguran algunos, no existe.

Sedesol reportó que en 2012 el promedio de pobres en Querétaro es de 707,4 mil habitantes, lo cual representa el 3,6 % de la población total, que en ese año era de un millón 827 mil 937 habitantes. 

El promedio de pobres en Querétaro se ubicó por debajo de la medida nacional, que es 11,5 millones de habitantes en situación de calle y 53,3 millones de habitantes pobres en general

Moraleja

La pobreza en Querétaro, esa que no existe para algunos alumnos de escuela privada y no es relevante para la funcionaria de Oportunidades que retrata bien en las revistas de sociales, esa miseria extrema tiene rostro de mujer angustiada que vive en el Marqués, pide aventón con una hija enferma, a media noche, en una carretera solitaria, en busca de un doctor.

La señora con rebozo, la niña enferma y en niño aventurero, se pierden en la oscuridad y nadie vuelve a saber de ellos. Cualquier parecido con la realidad es pura necedad del destino. 

 FIN

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