Hacia una nueva República

Porfirio Muñoz Ledo

Es claro que el 2 de julio se enterró el ciclo neoliberal. Abolir sus consecuencias no será fácil, pero es nuestro mandato.

El AMLO pareciera borrar el pasado que lo hizo posible. En 1970, Salvador Allende dijo que “el costo de luchar a contracorriente es alto, pero la recompensa de servir a la patria trascenderá en el porvenir de nuestro pueblo”. En México, en octubre de 1986, cuatro años más tarde de que se iniciara la deriva reaccionaria de Miguel de la Madrid, se buscaba despertar la conciencia progresista del partido en el gobierno y recuperar para sus militantes el derecho a competir en los procesos internos. La abolición del “dedazo”.

Nuestro empeño era rescatar los valores de la Revolución frente a las prácticas neoliberales. La corriente que encabezamos prolongaba los movimientos disidentes de las décadas anteriores. Planteamos un cambio desde el poder, éramos indiscutiblemente miembros de la clase gobernante. La ruptura se precipitó por la rebeldía social generada por la abstención cobarde del Ejecutivo frente al sismo de 1985.

Ante la negativa del partido hegemónico para aceptar en su interior controversias ideológicas y procesos libres, articulamos el Frente Democrático Nacional y decidimos competir por los cargos de elección popular comenzando por la Presidencia de la República. La reacción de la derecha gobernante y de la burocracia partidaria fue feroz y desmesurada. Provocaron, sin saberlo, el proceso más profundo de democratización del país que apenas acaba de culminar. Corrieron desde entonces dos historias contrapuestas: la de quienes bregamos por profundizar el proceso democrático y la de aquellos que se aferraban a sus privilegios. Los tres decenios transcurridos se caracterizaron por: protestas, mítines, marchas, negociaciones electorales y programas de reforma integral del Estado, por una parte; por la otra, pactos secretos entre las fuerzas económicas dominantes, concretadas en el contubernio PRIAN.

No nos amedrentamos frente a la recurrencia de los fraudes electorales. No pudimos modificar las nefastas tendencias hacia la concentración del ingreso, la aberrante corrupción y la escalada de inseguridad precipitada por el gobierno de alternancia de Felipe Calderón. La convicción animó nuestro esfuerzo, a pesar de las traiciones del “Pacto por México”.

Hoy el país es otro porque la conciencia histórica de los mexicanos nos dio la razón. Aun nuestros peores adversarios de ayer se suman o pretenden hacerlo al proyecto del futuro. Es claro que el 2 de julio se enterró el ciclo neoliberal. Abolir sus consecuencias no será fácil, pero es nuestro mandato.Esa es la definición del nuevo consenso nacional. El sentido de la Cuarta Transformación del país y de la instauración de la Cuarta República Mexicana.

 

 

 

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