Guerra y paz

Leonardo Curzio

Ni pactos ni guerras ni amnistía: orden y reducción de la impunidad es lo que este país requiere.

Es una sangrienta paradoja que el error conceptual más grave del gobierno de Felipe Calderón —llamar guerra contra el narco al despliegue de fuerzas federales para contener el avance territorial de las organizaciones criminales— hoy se convierta en una pegajosa contraparte: la paz. Nunca hubo una guerra y por lo tanto la paz es una quimera.

Es curioso que los más certeros críticos de la idea de una guerra hoy se pliegan a la idea de una amnistía pacificadora como si fuera efectivamente la otra cara de la moneda. Si conceptualizar como guerra fue un error, hablar de paz es inane. Hablar de guerra fue equívoco por tres razones: la primera es que no había un único enemigo operando como actor unificado; la segunda es que no había un teatro de operaciones definido, la descomposición era nacional, y la tercera es que no había un escenario de terminación de la guerra, que es típicamente la rendición del enemigo o el acuerdo de paz. Lo erróneo de la formulación bélica llevó al gobierno de Calderón a una impotencia explicativa y a terminar arrinconado por las voces de las víctimas gritando “No más sangre”, como si el derramamiento de sangre fuera responsabilidad del ejecutivo. No hubo diálogo que cambiara esa perspectiva. La guerra era la suya.

Hoy hay quienes piden explorar la amnistía para reducir los niveles de violencia. A mi juicio, incurren exactamente en el mismo error: no hay un actor unificado que lesione a la sociedad mexicana. El incremento de extorsión o de robo de combustible no está en el mismo frente de quien trafica con drogas. Por tanto, no hay un escenario de salida creíble pensando en que el enemigo se va a rendir ante el ejecutivo y el legislativo ofreciendo una amnistía. En 2012 fue Vicente Fox quien planteó algo parecido y nunca pudo vertebrar una propuesta seria, como tampoco aquellos sectores del PRI que añoraban el famoso pacto para controlar a los criminales. Hoy se habla de abrazos y no balazos, digna expresión de una concursante de Miss Universo, pero poco tranquilizadora si se concibe como política de Estado.

La economía criminal en este país tiene dimensiones que superan la insustancial dicotomía entre guerra y paz. Nuestra elección es entre el imperio de la ley y el orden o la corrupta zona gris e impunidad en la que hoy vivimos.

Mientras nos desgarramos las vestiduras discutiendo si queremos guerra o paz, yo me pronuncio por leer el documento que los expertos de COMEXI han publicado bajo el liderazgo de Luis Herrera Lasso, y que, entre otras cosas, habla de la construcción de instituciones y estrategias con un horizonte de 25 años, tal como se hizo para enfrentar el desafío de la protección civil o con la edificación de instituciones económicas que nos sacaron de la secuencia de crisis sexenales.

Ni pactos ni guerras ni amnistía: orden y reducción de la impunidad es lo que este país requiere.

Analista político.

@leonardocurzio

 

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