Güeros o la típica historia de premios y deudas

Juan Manuel Badillo

Güeros de Alonso Ruiz Palacios conquistó 5 premios de las 13 nominaciones que tenía en la 57 entrega de los premios Ariel,  entre ellas por mejor ópera prima, mejor película, director, fotografía y sonido.

También fue la película mexicana que ganó el Oso de Oro a Ópera Prima en el festival de cine de Berlín en 2014 y en el país se celebró por lo grande.

Fue el largometraje con más que más premios ha recibido el año pasado: 16 en total, en festivales nacionales e internacionales, entre ellos el premio Horizonte del Festival internacional de Cine de San Sebastián.

Sin embargo y hasta la fecha, a su director todavía le cuesta decir que en términos de taquilla ya salió tablas.

Hacen cuentas y los números no salen, luego de los ahorros gastados, la hipoteca empeñada; de pedir prestado por aquí, por allá y ver que los presupuestos, como el salario, nunca alcanza.

En resumen y sin presentar cifras, el director dijo que no le fue bien, pero tampoco le fue mal.

La película es un road movie por los intestinos de la Ciudad de México, filmada en blanco y negro, y le debe mucho de su estética y estilo al poeta del cine norteamericano, Jim Jarmusch. El homenaje es reconocido por el propio Ruizpalacios, de hecho.

“Jamás me imaginé que a la película le iba a ir tan bien (con los premios), yo lo único que pensaba era terminarla y salir de deudas, lo cual no hemos logrado, a pesar de los premios, esa es la verdad”, dijo el cineasta a este reportero semanas antes de la ceremonia del Ariel.

“Todo lo demás ha sido muy gratificante, mucho vino, muchas fiestas, todo muy padre, pero después tienes que regresar a cambiar pañales (de su primer hijo con Ilse salas) y creo está bien, porque hay cosas más importantes que una película”, explicó.

Güeros recibió el apoyo del fondo gubernamental Foprocine y se estrenó en 50 salas comerciales y no comerciales, el 20 de marzo en ciudad de México y algunas ciudades al interior del país.

A pesar de ser parte de un lanzamiento nacional en cine comerciales, la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y del Videograma (Canacine) no reporta los números de recaudación de taquilla de esta película.

“No he visto los números finales, pero supongo que como a la mayoría de las películas mexicanas, iba bien hasta que llegó Rápido y Furioso 7 y rápidamente nos dieron en la madre”, aclaró”, declaró Ruizpalacios, director de teatro convertido en cineasta.

“Nosotros no fuimos la regla que cambio el patrón de exhibición de películas mexicanas y tampoco esperé que fuéramos un hit de taquilla, pero si creo que merecía una oportunidad”, dijo el director.

La misma Ilse Salas contó, en su momento, cómo tuvo que hacer casting para quedarse con el papel de Ana porque ya no daba la edad, que en el día amamantaba al hijo del director, por las tardes preparaba su personajes y por las noches buscaba más dinero para la película.

En abril pasado la primer película de Alonso Ruizpalacios regreso a la Cineteca Nacional, como parte de las proyecciones públicas, previas a la entrega del premio Ariel, el 27 de mayo en Palacio de Bellas Artes.

Con más de 130 títulos producidos al año, el cine mexicano ya se puede dar el lujo de llamarse industria, pero falta mucho para que dejemos de escuchar este tipo de historias.   

Moraleja: de premios y deudas estás plagado el camino del cine nacional.

Finalmente y como diría esa sabia canción de Intocable: “Y todo para qué…”, para que en la 57 entrega del premio Ariel, en el momento más importante de la ceremonia, el cineasta Jorge Fons le cambiara el nombre a Ruizpalacios y le entregara la estatuilla de oro al Mejor Director a un tal Alfonso Rivera o Rivalapacios. Pa’su mecha. FIN

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