Grupos de autodefensa

José Alfredo Botello Montes

Sin lugar a dudas el gobierno de Vicente Fox Quesada fue marcado por el movimiento denominado Los Macheteros de Atenco, que surgió durante diciembre del 2001 en oposición a la construcción del aeropuerto alterno de la ciudad de México, precisamente en la población de San Mateo Atenco, y concluyó prácticamente con el enfrentamiento que tuvieron fuerzas federales y estatales —en mayo de 2006— el grupo emergente, que apoyaba a unos floristas a quienes no se les permitía vender sus mercancías.

Cualquier inconformidad de carácter “social” que se tenía en algunos estados del país —y en previsión de alguna acción gubernamental— contaba ya con el apoyo de los denominados Macheteros de Atenco, para con ello inhibir la aplicación del derecho.

Ahora, en la presente administración y a unos cuantos meses de su inicio, pareciera que los denominados grupos de autodefensa están poniendo la pauta en el quehacer de seguridad pública del gobierno de la república y de algunos estados como Guerrero, Michoacán, Oaxaca, ahora Chiapas y los que se pudieran agregar en esta semana.

La opinión pública puso la atención en el tema de los grupos de autodefensa en el momento en que dichas organizaciones de la comunidad de Ayutla, en el estado de Guerrero, tenían retenidas a 54 personas que a su parecer habían cometido ilícitos en contra de pobladores de la zona y se estarían haciendo justicia por su propia mano.

Esta retención de personas trajo como consecuencia que el propio secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, a instancia del gobernador de Gurrero, Ángel Heladio Aguirre, se reuniera en el Palacio de Covían, sede de la secretaría que lleva la política interior, con representantes de dichos grupos.

Esa reunión se entendió como una carta de naturalización a los grupos de autodefensa, que si bien no fue la intención del secretario de Gobernación y del propio gobernador guerrerense, lo cierto es que a partir de entonces han comenzado a aflorar diversos grupos armados en varios estados del país, a cuya acción el comisionado de la Policía Federal Preventiva, Manuel Mondragón y Kalb, consideró como focos “rojitos”.

Una reunión fue suficiente para que se detonara la aparición en otras comunidades de los llamados grupos de autodefensa y ciertamente el propio secretario de Gobernación ha expresado que no se reconoce y no se justifica a estos grupos, como tampoco a las acciones por parte del Estado para evitar la proliferación de éstos; algunos de los cuales, a decir de reportes periodísticos, ya hasta armas de uso exclusivo del Ejército portan para sus acciones.

Se dice que no son nuevos los grupos de autodefensa, y que algunos datan desde hace más de 17 años, quizá desde que desapareció lo que se conocía como la Policía Rural. Sin embargo, lo alarmante es la utilización de armas exclusivas del Ejército y su actuación en casos de no flagrancia en contra de las personas.

Preocupante es que, so pretexto de alguna inconformidad social, proliferen los grupos de autodefensa, como es el caso en un municipio de Chiapas en el que los pobladores inconformes de la explotación de minas conformaron un grupo de ese tipo, y este ejercicio puede cundir en todo el país si no se pone freno por el concurso de autoridades estatales y federales.

Hoy es oportuno actuar, mañana puede ser muy tarde y la administración del presidente Enrique Peña Nieto puede ser marcada por la proliferación de estos grupos, que tienen el peligro de ser generados por la delincuencia organizada para adquirir control de importantes zonas del país.

De ninguna manera el Estado mexicano puede abdicar a esa función primordial que es tener el monopolio del uso de la fuerza pública tendiente a la preservación de la paz, orden y tranquilidad del país entero.

Consejero nacional y diputado federal del PAN

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