Gatopardismo

Hace quince años en México se tuvo el sueño de la alternancia política. Alternancia como solución al priato y su negra herencia. Pero esta alternancia trajo sus propias pesadillas y sus estertores que no resolvieron el asunto de fondo: la abismal desigualdad social. La alternancia no garantizó y no garantiza un cambio por sí sola. Desde esa oportunidad ya perdida, todavía hay quienes piensan que hay que vender la idea del cambio, y que éste sólo es posible como una idea en el marketing político y la situación se dificulta más cuando se pretende gobernar con y desde un cambio, para que todo siga igual. Si partimos de que el viejo régimen es un dinosauro muriendo, las viejas reglas del presidencialismo y del autoritarismo de los gobiernos estatales y municipales deben cambiar, y cambiar las reglas implica reconocer (desde los gobiernos) que hay otras fuerzas para coadyuvar a gobernar en el mejor de los casos en armonía, respeto e inclusión. Pero la alternancia política en México es sólo un cambio de colores de los partidos; es más de lo mismo, es la forma más obvia y barata de demagogia. Por tanto es vital el pacto político y social, denominado transición pactada, que nos devuelva la gobernabilidad y obviamente esté dirigido al beneficio de la sociedad y no sólo sea gatopardismo.

Esta palabra es derivada del italiano Gattopardo, título de la novela del escritor siciliano Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa (1896-1957), que habla de la decadencia de la nobleza siciliana en la época de la unificación italiana y relata el matrimonio del sobrino de un viejo príncipe con la hija de un comerciante plebeyo de la región. Frente al inevitable ascenso de la burguesía, el añoso noble decide promover este matrimonio con el propósito de insertar a su clase social en decadencia con sus enemigos mortales, convertidos en la nueva fuerza política dominante. Desde entonces se usa la expresión gatopardismo para señalar la actitud de “cambiar todo para que las cosas sigan iguales”. El efecto Lampedusa, del que se habla a veces, consiste en hacer las cosas de modo que algo mute para que lo demás permanezca intocado en la organización social. Se refiere a reformas meramente cosméticas (como el caso de Querétaro), ociosas o de distracción que se proponen para mantener incólumes los privilegios sociales y económicos de los manipuladores de esas reformas epidérmicas.

Uno de los retos centrales de la política, y que es la causa ciudadana, tiene que ver con impulsar estrategias de freno a la corrupción, recuperar el Estado de derecho, revisar el pasado y frenar la impunidad. Si no damos pasos concretos hacia estos ejes políticos estaremos dando entrada automática a que los poderes fácticos que sustentan a la delincuencia organizada y el narcotráfico sigan sentando sus reales en la sociedad mexicana. Poderes que además están blindados por la corrupción y la impunidad.

El gatopardismo que ha caracterizado a la alternancia política en Querétaro, con la llegada del PAN, no ha mostrado interés en llamar a cuentas a sus antecesores. No se han visto intenciones del nuevo gobierno por ajustar cuentas con el pasado. Por esa razón, la presunta alternancia de partidos en el poder, es una alternancia política como el gato pardo.

Hay que limpiar la casa con escoba y machete y no se está produciendo tal cosa: facciones cambian, facciones se mueven pero el cambio no pasa por ahí; entonces alternancia es un sustantivo que ha quedado grande, continuidad sería lo propio.

Como señala Sabina Berman, los cambios históricos nunca son tersos. Cuando el futuro avanza, el pasado se rebela contra él y el presente se vuelve un remolino rápido y peligroso. Pero sin el remolino nada cambia, el pasado se perpetúa y la política se vuelve la administración del deterioro.

Consejero electoral del INE. [email protected]

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