Falsos valores, falsa la gente

Patricia Olavarrieta Del Rivero

Existe una gran incongruencia entre lo que somos y lo que decimos que somos.

Todo mundo conoce los valores universales, aquellos con lo que nos educan y crecemos creyendo y aplicándolos en nuestra vida diaria. La honestidad, el amor, la amistad, la verdad, entre otros forman parte de esa lista de valores que nos insertan desde pequeños. Sin embargo, conforme vas aprendiendo a vivir y a conocer, descubres que pueden existir mil verdades, mil conceptos de amistad y mil amores; cada uno de ellos se adaptan según el tipo de persona que somos o según el tipo de personas con las que nos relacionamos.

La amistad, según la entiendo es aquel vínculo que te une a una persona en donde el amor, el respeto y la aceptación son ingredientes para que se dé, existiendo una lealtad inquebrantable. Pero ahora, en esta etapa , te das cuenta que existen distintos grados de amistad, como si la amistad se fuera segmentando, según la persona y la actividad que realiza. Así también pasa con el amor, se va tipificando según el tipo de relación que se tenga o se desee tener. Se vuelve complicado, pero así sucede, ¡lo he visto! Pero, ¿y qué con la honestidad? No encuentro que haya varios tipos, y cuando te topas con una persona honesta, sabes que puedes estar seguro de qué va. Pero este valor escasea en estos tiempos o por lo menos no es tan común encontrarte con personas así y no es otra cosa más que incongruencia, porque hoy día, en esta nueva era, tenemos material suficiente para ser mejores personas. Desde lo comercial donde te llenan de información y conferencias de cómo caminar por esta vida con la verdad, sin hacer daño a los demás. Todo mundo las escucha, asiste a las conferencias masivas de motivación, lloran, ríen y  sólo parece una falsedad. Es semejante a lo que sucede con las personas demasiado religiosas, acuden a sus templos y saliendo de ellos, destruyen a su prójimo con palabras, con acciones.

Como seres humanos, estamos conformados por lo blanco y lo negro, la luz y la oscuridad, lo bueno y lo malo, el ser y el no ser, ángeles y demonios. Vamos protegiendo nuestra verdad sin mirar a los demás, sin establecer acuerdos.

No todos pensamos de la misma manera, no somos iguales, pero tú verdad no tiene derecho a aplastar la verdad de los otros. Tú percepción, no es la realidad del otro. Así que, tengamos cuidado con lo que decimos de los demás porque sólo es un reflejo de quienes verdaderamente somos.

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