Falacias electorales

Irene Tello Arista

A pesar de esta pobreza argumentativa, no falta la presencia de falacias tanto por parte de representantes públicos o candidatos como de personas que platican sobre política.

En tiempos electorales poco se discute el uso de falacias en la política. A menos que se refiera la acepción número uno de la RAE: “engaño, fraude o mentira”. Pero las falacias también se refieren a argumentos incorrectos. Un argumento es la forma de probar una conclusión a través de presentar razones en forma de enunciados o proposiciones. Para incurrir en una falacia, el contenido de los enunciados no debe sustentar la idea que se concluye.

Definidas las falacias de esta manera, es difícil encontrar ejemplos concretos de razonamientos erróneos por parte de los políticos, ya que, más que esbozar argumentos completos, suelen presentar propuestas o frases aisladas carentes de argumentación o recurrir a narraciones emotivas. A pesar de esta pobreza argumentativa, no falta la presencia de falacias tanto por parte de representantes públicos o candidatos como de personas que platican sobre política. En lo que va de la campaña electoral, he podido identificar algunas falacias sobre política que vale la pena mencionar:

Apelación al temor: esta falacia se refiere a un argumento incorrecto en el que se hace mención de una proposición que asusta al oyente para cambiar el foco de atención sobre lo que se intenta demostrar: “Si gana tu candidato, México se convertirá en Venezuela”. Este ejemplo asusta al oyente, pero no ofrece prueba alguna de lo que intenta afirmar.

Ad hominem o contra el hombre: utiliza características demeritorias de una persona para desmentir aquello que dice. Es importante aclarar que un insulto no constituye una falacia ad hominem; para ello tendría que utilizarse dicha ofensa con el propósito de demeritar un razonamiento de la persona a la que se agrede: “Su propuesta contra la impunidad es falsa, ya que él mismo tiene un proceso penal abierto”. Esta falacia ataca a la persona y no a la propuesta.

Falacia de falso dilema: crea un escenario en el que sólo dos opciones son válidas: o estás conmigo o contra mí. Es un argumento incorrecto porque deja de lado otras opciones: “Estás con nosotros o con los de la mafia del poder”.

En estas elecciones muchos ya saben por quién votarán. Esta decisión puede estar basada en una serie de motivaciones personales o por preferencia de posturas. Más allá de los motivos, se debe evitar el uso de falacias al defender nuestras posturas políticas. Todos cometemos errores en nuestro razonamiento; sin embargo, es muy distinto cometerlos por ignorancia o por equivocación que con un afán de engañar. Defendamos nuestro voto y nuestra preferencia sin incurrir en argumentos falaces.

 

 

 

 

 

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