Exceso de comisiones

Editorial El Universal

La Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados recibió solicitudes para crear 87 comisiones especiales, al margen de las 56 ordinarias que actualmente existen. De acuerdo con la ley, los legisladores sólo podrían aprobar la instauración de 28 comisiones especiales, la mitad del total de las ordinarias. Sin embargo, en la legislatura pasada se formaron 39 comisiones de carácter especial y en esta ocasión el número de las que se ha solicitado es incluso superior.

La creación de semejante cantidad de comisiones especiales es una desproporción. Ciertamente, en el país existe un sinnúmero de problemas que requerirían atención especial de los legisladores, todos, sin duda, de suma importancia. Sin embargo, la Cámara de Diputados existe para generar leyes que se puedan traducir en mayor desarrollo político, económico, social y cultural para la sociedad; desafortunadamente, para efectuar esa tarea de manera efectiva, los recursos en tiempo y dinero son escasos. Ello amerita, por consiguiente, un serio trabajo de racionalización y jerarquización de prioridades.

Por una parte es necesario evitar los gastos excesivos; por la otra es indispensable apartarse de distracciones y desvíos de atención o de tiempo, que dirigen la energía hacia cuestiones menos importantes y menos urgentes.

Los partidos políticos necesitan llegar a un acuerdo al respecto de definiciones claras en cuanto a cuáles son las prioridades de temas que la Cámara de Diputados debe abordar, partiendo de una base realista del presupuesto y el tiempo efectivo de labores con el que cuentan. Lo urgente, lo importante y lo cotidiano debe prevalecer por encima de lo que no lo es.

No se trata de que el Congreso de la Unión deje de atender problemáticas locales o muy particulares. Por el contrario, se trata de ofrecer resultados materiales y tangibles a la ciudadanía. Para ello se requiere un trabajo eficiente capaz de racionalizar realistamente los recursos que existen. De lo contrario, se alimenta una burocracia excesiva que emplea presupuesto y personal, pero que no termina por atender las necesidades de la sociedad.

Los antecedentes de eficiencia de las comisiones especiales, además, no son buenos. La cantidad de ellas que no llegaron a resultados en el pasado son muchas y también eso debe tomarse en cuenta.

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