¡Este 8 de marzo no me felicites!

Maricruz Ocampo Guerrero

Este 8 de marzo, por favor ¡No nos felicites! Las mujeres no celebramos, conmemoramos cientos de años de exigir que se nos trate con dignidad

Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es un día para reflexionar y evaluar  los logros que las mujeres hemos obtenido en la lucha por el reconocimiento de nuestros derechos y para reafirmar el compromiso de avanzar para mejorar las condiciones de vida de las mujeres y niñas.

IN MEMORIAM: Era la tarde del 25 de marzo de 1911, en Nueva York, cuando en la fábrica Triagle, especializada en la confección de camisas, 500 mujeres, la mayoría de ellas adolescentes, se preparaban para terminar las labores del día y cobrar su mísero salario.  Cerca de las 4:45 de la tarde, en el piso octavo, inició un incendio. El fuego se extendió rápidamente, ellas no pudieron salir;  por órdenes de los dueños de la empresa, las puertas habían sido cerradas por fuera para evitar la entrada de representantes sindicales.

El testimonio de Rosy Saffron, sobreviviente, nos ayuda a imaginar  lo sucedido: “Escuché a alguien gritar ¡fuego!, corrí hacia la puerta junto con una multitud de mujeres que gritaban, golpeaban y rasguñaban intentando salir, pero la puerta estaba cerrada por fuera” 

Quedaron atrapadas cerca de 200 mujeres.  Algunas se acercaron a la escalera contra incendios; menos de 20 consiguieron salir por ahí, el calor provocó el derrumbe de la oxidada escalera, que se precipitó desde el noveno piso con varias trabajadoras que murieron al caer.

Tessa Benani, una inmigrante italiana que logró sobrevivir describió ese infierno: “…, siete de ellas, corrieron hacia el humo y las escuchamos gritar cuando sus ropas se encendieron”.

Los bomberos acudieron pero sus escaleras solamente llegaban al sexto piso y la presión del agua en el edificio era insuficiente. A las 5:05 el octavo piso explotó, los cuerpos en llamas de muchas mujeres que fueron lanzados por el aire, comenzaron a caer contra el pavimento con un terrible golpe seco. Otras al ver esto, paradas en las cornisas de las ventanas formaban grupos de tres o cuatro y tomadas de la mano, cerraban los ojos y se lanzaban al vacío, prefiriendo morir de cualquier forma menos quemadas; algunas, al saltar quedaron ensartadas en las puntas de la reja de hierro que rodeaba el edificio.

Willian Shepard, reportero de United Press dijo lo siguiente: “Aprendí un nuevo sonido terrible, era el sonido del golpe de un cuerpo vivo al golpear contra la piedra. Golpe, muerta. Golpe, muerta. Era imposible no verlas mientras caían. El edificio medía casi 30 metros. Los primeros 10 golpes, me estremecieron. Levante la vista y vi decenas de mujeres, casi niñas, paradas en las ventanas. De alguna manera supe que ellas también se lanzarían, incluso vi a una joven caer, moviendo los brazos, tratando de mantenerse vertical, hasta el instante en que su cuerpo golpeó la acera y vino el sonido y luego el silencio de su cuerpo destrozado.”

El jefe de bomberos Edward Worth describió esta tragedia diciendo que “golpeaban el pavimento como la lluvia.” 

Para las 5:15 de ese día, la escena era dantesca. Los ríos de agua de las mangueras de los bomberos corrían rojos por la sangre de las costureras. Esos cadáveres eran los cuerpos de las mujeres que en noviembre del año anterior habían organizado una huelga para demandar mejores condiciones sanitarias y de seguridad. Sus cuerpos retorcidos en la acera fueron la respuesta a sus demandas. 

Al final del día se confirmó que las puertas habían quedado bloqueadas por decenas de cadáveres de mujeres apilados unos sobre otros en su intento por escapar. 

En total, 146 mujeres perdieron la vida. Los dueños de la empresa, Isaac Harris y Max Blanck, no recibieron ningún castigo porque las condiciones en las que ellas laboraban eran legales.

En México las mujeres no hemos estado exentas de este tipo de tragedias. Los terremotos del 19 de Septiembre de 1985  y 2017 en donde cientos de costureras quedaron sepultadas evidenciaron las precarias condiciones laborales de muchas mujeres en nuestro país.

Las dobles jornadas son la constante pues además recae en nosotras la carga del trabajo doméstico y el cuidado de niños, enfermos y ancianos. Nuestra remuneración sigue siendo entre 20 y 40 por ciento menor a la de un hombre con la misma capacitación y en el mismo puesto. El embarazo sigue siendo motivo de despido y los casos de acoso y hostigamiento sexual siguen sin ser sancionados.

Por eso, este 8 de marzo, por favor ¡No nos felicites! Las mujeres no celebramos, conmemoramos cientos de años de exigir que se nos trate con dignidad. Mejor súmate a nuestra causa y acompaña a las mujeres de tu vida en la lucha por sus derechos. 

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