Estado descarrilado

Layda Negrete

Entre Puebla y Veracruz, asaltantes descarrilan largos trenes y roban la la mercancía.

Entre Puebla y Veracruz, asaltantes descarrilan largos trenes y roban la la mercancía. Una película del oeste es metáfora. La acción delictiva representa más que daños económicos para el comercio y la industria: representa la pérdida de control del territorio a favor del crimen organizado.

Las causas de esta crisis no están en el futuro. El peligro no es un candidato que no ha sido votado. Nos quieren hacer creer que una cruz “equivocada” en la boleta electoral equivale a crucificar al país. Nos quieren instalar la imagen de que la acción discreta de un solo día puede dinamitar una nación ya fragmentada que batalla todos los días para mantenerse pegada.

Además del descarrilamiento de trenes, en los últimos días atestiguamos actos terroristas en Guadalajara, el control de carreteras en Reynosa por asociaciones criminales, el hackeo contra el Banco de México y ejecuciones en la capital del país. Con esto se sigue destejiendo el Estado.

El gobierno federal niega el conflicto interno, pero dos tercios de entidades federativas mantienen despliegue de las Fuerzas Armadas. A la par, vivimos un récord de violencia letal y hemos logrado el número más alto de homicidios.

Según el World Justice Project y Transparencia Internacional, estamos en un mano a mano con Venezuela en ausencia de Estado de Derecho y corrupción.

A pesar de la emergencia, se encubre la crisis. Luis Daniel Vásquez, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, le llama “corrupción a la mexicana”: atestiguar la debacle y negar su existencia. Las secretarías del gobierno federal ejercen presupuestos millonarios para maquillar su imagen. Con datos de Fundar, el periodista Ernesto Aroche Aguilar calculó que el gobierno de EPN gasta 1 millón de pesos por hora en publicidad.

No es por azar que el país se haya vuelto uno de los más peligrosos para el periodismo. La organización Artículo 19 reporta que el propio Estado mexicano es la principal fuente de peligro: en 48% de las 1,986 agresiones a periodistas en los últimos cinco años han participado funcionarios de los tres niveles de gobierno.

Quienes ejercen el poder son los beneficiarios en comunicar que el riesgo está en el mañana, pero estamos en la cresta de la crisis. Ojalá nuestras autoridades asumieran su responsabilidad y dejaran de aterrorizarnos con que el caos llegará con fantasmas del futuro. El Estado descarrilado, impune, ciego, violento y corrupto es hoy el verdadero peligro para México. ¿Cómo hacemos para que retome su camino?

 

 

 

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