No hay envidia de la buena, ni de la mala, solo es envidia.

Anónimo.

El diccionario de la lengua española define la envidia como: “Tristeza o pesar del bien ajeno o emulación, deseo de algo que no se posee”.

Hay personas que envidian queriendo tener lo que tú tienes; pero hay personas que simplemente  no quieren que tu lo tengas, le envidia si nos detenemos a reflexionar un poco acerca de ella la hemos sentido siempre o más bien dicho se ha presentado en nuestro desarrollo, existe desde luego a nivel personal, de pareja, familiar, social y profesional, a nivel personal podemos sortearnos con ella, podemos hacerlo de manera interna no pasa a mayores,  la problemática de ella es cuando la externamos en nuestras acciones y vamos infectando poco a poco nuestro entorno.

La pareja debe ser un complemento, y no competencia y pareciera que hoy en día existe una lucha encarnada por ver quién es quién percibe mayor ingreso empezando una competencia al principio que es disfrazada por el apoyo, pero en cuanto se avista una fricción por parte de alguno de los miembros  y de alguna manera como coloquialmente se dice se “echan en cara” el apoyo, es ahí donde se da la declaración y empieza una lucha que desatada por la envidia que nos hace competir con una de las personas más cercanas a nosotros, de  manera similar ocurre  en la familia , y nuestro grupo social,  provocando una competencia no sana para nuestro desarrollo debido a que el que envidia sufre por éxito de los otros.

En el ámbito profesional o laboral, suelen ser sentimientos normales con los que hay que luchar a diario y  lamentablemente  se pone en mayor evidencia este sentimiento, al grado de dejar de lado por completo el trabajo con el único objetivo desmedido de competir por ver quién es mejor, afectando con ello el  desempeño de todo un equipo de trabajo debido a que no tienen nada que ver con las capacidades o aptitudes técnicas del empleo.

Quisiera compartir con ustedes una fábula:

 

En el silencio de la noche oscura
sale de la espesura
incauta la luciérnaga modesta,
y su templado brillo
luce en la oscuridad el gusanillo.
Un sapo vil, a quien la luz enoja,
tiro traidor le asesta,
y de su boca inmunda
la saliva mortífera le arroja.
La luciérnaga dijo moribunda:
¿Qué te hice yo para que así atentaras
a mi vida inocente?
Y el monstruo respondió: Bicho imprudente,
siempre las distinciones valen caras:
no te escupiera yo, si no brillaras.

La envidia es un sentimiento doloroso, sufre el envidiado y el envidioso, debemos siempre tratar de reforzar nuestros valores, de hacerlo a diario, si sentimos envidia no debemos exteriorizarla porque afectamos nuestro desarrollo, nuestro entorno, complicamos nuestras vidas y las de los demás;  se que a lo largo de estos años he sido muy insistente con los valores en los seres humanos, pero son ellos, nuestros valores los que forjan nuestro futuro todo es importante el éxito, ser emprendedor, innovador pero son nuestros valores quienes a lo largo de nuestra vida nos harán vivir con Calidad y Calidez siendo ellos el fruto del gozo de nuestra vejez.

Seguramente ya leíste esta columna se publico en el año 2013, pero te puedo asegurar que ya no la recordabas de ahí radica la importancia de reforzar los valores estos son un musculo y debemos entrenarlos muy seguido.

¿Qué tan seguido exteriorizas la envidia?

Reflexiona y actúa.

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