Esta cruda realidad que todos los días nos despierta y recuerda de mil formas, que seguimos construyendo en cada reunión, a cada paso —o click del mouse, sería más acertado decir— nuevos esquemas para continuar con nuestra vida, con las reuniones, con los encuentros, con los retos postergados retomándose en cada posibilidad digital que se presenta me permite, este martes #DesdeCabina, reflexionar sobre estas banalidades, quizá dirían algunos, que representan esas reuniones Business to Business o el networking tan necesarios presencialmente y que hoy tienen que adaptarse, como casi todo en el ambiente profesional e incluso personal, a esta condición de coexistencia con este virus ya declarado endémico por la Organización Mundial de la Salud.

En ese universo de nuevos esquemas de convivencia tuve la oportunidad de vivir una experiencia por demás diferente y sumamente innovadora organizada por el AeroCluster de Querétaro hace algunos días; un encuentro enteramente digital con empresas, centros de investigación e instituciones educativas en el ciberespacio de una plataforma muy innovadora en la que literal y virtualmente nos acercábamos a platicar, a convivir e incluso a degustar unas viandas como parte del esquema de la reunión. Para mi sorpresa, no fui el único que se asombró con la versatilidad, aunque con limitaciones entendibles, del espacio virtual de convivencia, que nos permitió atender una conferencia, convivir y charlar entre amigos en un ambiente de respeto y disfrute. De repente parecía que nos encontrábamos junto al otro, faltando únicamente el intercambio sensorial que acompaña invariablemente a los encuentros presenciales.

Con esta innovadora experiencia del encuentro virtual, llegó la reflexión cayendo la noche, para preguntarme si en el nuevo contexto de coexistencia con este y quizá otros virus y enfermedades a que nos estamos exponiendo por lesionar tanto tal planeta —entre otras razones—, deberán llegar invariablemente otras formas de convivir, de mantener nuestra “cercanía” con los que queremos, con aquellos con quienes nos relacionamos por causa del desempeño profesional o de la diversión simplemente; me imaginaba —como ya lo he leído en algunas historias de ciencia ficción— nuevos artilugios tecnológicos para simular toda suerte de experiencias sensoriales que reproduzcan el tacto, el olfato y temperaturas corporales, por mencionar algunas más complejas de imaginar.

Se sabe que ya existen sensores y actuadores en etapas de pruebas amplias de mercado, que buscan reproducir la experiencia sensorial, pero sin duda alguna, nunca, y quizá mi contexto generacional me fuerza a decirlo categóricamente, se podrá emular el contacto físico entre personas que se estiman, que comparten intereses comunes, por medios digitales. 

En este martes #DesdeCabina, extraigo todos aquellos recuerdos que me han permitido construir historias y relaciones presenciales y los contrasto con aquellos de reciente experimentación y me pregunto qué tan listos estamos para migrar y experimentar encuentros híbridos o incluso totalmente virtuales, en los que dependeremos de un óptimo ancho de banda y de una cantidad importante de recursos tecnológicos para disfrutar de un buen apretón de manos, de una mirada límpida diciendo gracias o de un “click” no de un mouse, sino de dos copas chocando para decir salud, cheers, prost o santé en un brindis. Quizá no estemos tan lejos. 

 

Comentarios