Encrucijada del Emprendedor (Primera parte)

José Manuel Presno Ozaeta

Desde mi punto de vista, ser emprendedor por decisión lo impulsan diversas necesidades personales.  Algunos ejemplos: Ser dueños de nuestro tiempo, maximizar el beneficio personal de un conocimiento, experiencia o habilidad, dedicarnos a lo que nos agrada hacer o aquello que consideramos valioso durante nuestro tiempo productivo, etc.

Escribo las siguientes ideas en base a ideas de algunos estudiosos sobre el tema, las experiencias de algunos emprendedores independientes y la mía propia. La mayoría de los emprendedores iniciamos esta aventura rompiendo con mitos y creencias limitantes que detienen a muchos otros. Desde ahí aseguro que los primeros conceptos que definen a un emprendedor son su valentía, determinación y disposición a tomar riesgos. Todos empezamos asustados, nerviosos y si saber exactamente qué sucederá, pero con una certeza mental y de corazón que nos mueven a romper la inercia de un sueldo y prestaciones seguros para iniciar un sueño.  

Cada arranque es diferente. Algunos inician de forma simultánea al trabajo formal esperando que el proyecto tome forma, viendo por la planeación, imagen, diseño del producto o servicio y/o que aparezcan los primeros clientes.  Otros arrancamos cortando de tajo. Y de estos casos, unos inician en los estudios, comedores o garages de sus casas mientras otros deciden invertir en oficinas, talleres, despachos, o una simple casa adaptada a las necesidades del negocio.  Hay otros cuya fuerza laboral incluyendo administración, ventas, contabilidad, mercadotecnia, área de servicio se limita a ellos mismos y otros que arrancan con 1, 2 o más personas con funciones definidas.  En fin, el arranque aunque varíe en la forma, inversión, etc siempre se vive con gozo y grandes expectativas.  

Mientras el tiempo va pasando, cada uno vivimos diferentes experiencias que nos hacen modificar nuestros esquemas mentales y precepción de lo que es trabajar por cuenta propia. En el mejor de los casos aprendemos a base de situaciones que no consideramos al tomar la decisión de emprender o de áreas que nos eran invisibles en un negocio. 

Empiezan a brincar necesidades internas como el contar con un buen contador, un abogado que nos proteja, un cobrador desalmado y con suficiente colmillo para traer los recursos en tiempo sin lastimar la relación con los clientes, quien nos lleve las redes sociales y todo lo relacionado con el mundo web, vendedores que aceleren la curva de crecimiento esperada, gente que saque adelante los trabajos administrativos que la mayoría de las veces nos quitan tiempo para planear, visitar clientes, crear nuevos negocios, visualizar hacia donde se moverá el mercado, etc.   Y externamente surgen situaciones como los largos procesos de toma de decisión de los clientes grandes (que curiosamente la mayoría en cada disciplina nos estamos peleando), las interminables recotizaciones, los procesos de compras (complicadas licitaciones, alta como proveedores, condiciones de pago nada amigables), los volantazos de los clientes respecto de sus necesidades, manejo de presupuestos, etc. cada una de estas circunstancias, internas y externas, como todo en la vida, o nos fortalecen o nos matan, sobre todo aquellas que no están en nuestras manos controlar. 

Darren Hardy, editor de la revista Sucess, menciona que la mayoría de los descalabros de todo emprendedor se arreglan no con mayor inversión o tiempo dedicado sino con estar dispuestos a reiniciar o replantear cuantas veces sea necesario un proyecto así como prepararnos emocionalmente a fallar y recibir críticas y rechazos sin sentirnos afectados por ello.  Continuará…     

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