El vertiginoso y siempre cambiante mundo actual hace que por momentos perdamos de vista los procesos naturales relacionados con el desarrollo de ideas y negocios. El mundo se mueve demasiado rápido y aunque hay oportunidades que deben tomarse sobre esta gran “ola” de avances para no perder el impulso, no debemos olvidar que hay principios más profundos que constituyen los cimientos de todo aquello que esperamos que logre permanecer. 

Aunque el ejemplo de “tomar la ola” parezca un tanto impulsivo y nos haga sentir que es momento de entrar en acción; debemos recordar algo importante. Como todo buen surfista de la vida, entiendes que para aprovechar una buena ola, debes haber adquirido las habilidades para identificarla, tomarla y hacer que tu deslizamiento a través de ella parezca un sencillo y natural fluir. Aunque esto no te exime de la dificultad que pueda presentarse; sí te da una mejor probabilidad de disfrutar la ola y sacar el mejor provecho de ella. Sin embargo, si no estás preparado; aunque veas la ola no sabrás como tomarla y seguramente te dará una buena revolcada.

Las oportunidades se presentan a todos de una u otra manera, sin embargo es evidente que  muchos no las pueden ver y otros no las saben tomar. Por esta razón independientemente de lo que estés haciendo ahora y de lo ocupado que te puedas sentir; ten muy claro que debes estar dedicando un tiempo para prepararte para tus oportunidades.  Para esto no debe haber excusas, no puedes decir que estas muy ocupado. Si no eres capaz de dedicarte un espacio a ti para definir tu camino; quiere decir que alguien más ya tomó la decisión por ti.

Hoy el mundo sabe que estás corriendo y que todo es urgente; pero es más por imitación que por convicción. Estoy convencido que un gran porcentaje de personas no sabe por qué o hacia dónde corre en su vida, y cuando se canse de correr no sabrá ni siquiera en dónde está o cómo llegó ahí. Prepararse para una oportunidad y para un sueño, requiere más que una terapia ocupacional; requiere de un gran amor a lo que se hace y de una clara visión.

El que tiene un espíritu de emprendedor se entrena todos los días, muchas veces en silencio o cuando nadie lo ve.  Se ejercita, visualiza, practica y está en un constante proceso creativo de aprendizaje y preparación. No es un dinamismo sin sentido; cada acción está orientada a un objetivo y esto hace que el proceso de formación, aunque sea difícil y por momentos tedioso, sea entendido como parte de su sendero. Sabe que una semilla no da fruto en un día sino que todo lleva un tiempo y un momento. Tiene claro que si persevera y pone un buen fundamento en lo que hace, podrá construir y tener resultados.

Ahora que este asunto de la preparación es claro, quiero recordarte algo sumamente importante. Mantén siempre firmes tus valores y principios. El emprendedor es vínculo y la manifestación del espíritu creativo y de la virtud que habita en cada ser humano. El ejercicio de tus talentos debe proporcionarte una mejor vida, pero también impactar y cambiar tu entorno para bien. En mi vida he aprendido a confiar en los procesos que son llevados de la mano de la virtud y a poner mi esfuerzo en manos de Quién puede multiplicarlo. Un pequeño talento y una gran convicción en manos de Dios pueden cambiar al mundo. Emprende, persevera y transforma.

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