24 / junio / 2021 | 08:06 hrs.

Empresas plenamente humanas

Gerardo Romero Altamirano

Si empezara este texto argumentando que las empresas no están hechas para ganar dinero sino para generar bienestar a la sociedad a través de sus productos y/o servicios, o que las utilidades económicas no son más que un resultado paralelo de este primer objetivo, provocaría desánimo entre los emprendedores y desprecio entre los más radicales. Pero si acompañara mis dichos con ejemplos de empresas altamente rentables cuyos números y crecimiento se deben al enfoque humanista con el que la alta dirección o el dueño manejan el rumbo de su organización, tal vez lograría captar su atención.

De hecho, es sumamente complejo cambiar la concepción que siempre hemos tenido de la empresa, pues incluso solemos llamarla “negocio”, haciendo alusión al objetivo intrínseco de ganar dinero a través del producto o servicio que ofrecemos al cliente.

Ahora que los empresarios han puesto el dedo en el renglón de la responsabilidad social (unos por convicción y otros por conveniencia u obligación) se han desarrollado con los años una serie de distintivos y certificaciones para “galardonar” o “reconocer” a las organizaciones que se candidatean para obtenerlos.

Como suele ocurrir, las manos corruptas también hicieron de las suyas, se mancillaron  los principios y hoy en día no todas las empresas con distintivos podrían presumir que en verdad realizan una verdadera labor social ni mucho menos que tienen un trato digno y humano para con sus colaboradores y “stakeholders” (grupos de interés con los que se relaciona la empresa). 

Por lo anterior, el término “responsabilidad social” ha decepcionado a algunos por lo subjetivo que puede llegar a ser en la práctica y han decidido llamar a sus organizaciones “empresas con valor humano”. Esto significa que primero al interior y luego hacia afuera, se ocupan de observar y atender las necesidades de las personas que integran la compañía para luego ocuparse de las personas ajenas a la misma con las que tienen contacto directa o indirectamente por su actividad.  

Resulta ser un cambio de paradigmas: “Las empresas están hechas para servir a la sociedad y no exclusivamente para servir a los dueños”, pudiera resumir la filosofía de estas personas que además defienden sus dichos con la triste cifra de que solo 16% de las personas en nuestro país se despierta animoso para ir a su trabajo con la camiseta bien puesta. La lógica diría que si cada individuo estuviera motivado durante su jornada laboral, desempeñaría sus funciones con mayor agilidad, con más precisión y atendería a clientes y proveedores con mayor amabilidad y eficacia. Esto redundaría en un incremento de la productividad no solo de la empresa, sino de la región.

Por si fuera poco, las organizaciones sufrirían mucho menos la rotación que tanto dinero les cuesta por la capacitación que tienen que dar a las personas que recién ingresan y por la inversión perdida que representa cada colaborador que se retira con conocimientos y experiencia.

Por eso, antes de salir a la calle a buscar una causa justa para defender, hemos de aceptar que queda mucho que hacer al interior de nuestras cuatro paredes. Aplica el dicho de “candil de la calle obscuridad de la casa”. Y una vez que las cosas marchan bien en casa, es bueno que la búsqueda tenga como premisa que nuestra causa social  esté alineada con la actividad de la empresa. 

Si quisiéramos saber más de este modo de pensar-actuar, deberíamos acercarnos a eventos promovidos por este grupo de empresarios que al principio nos pueden parecer locos, pero que con su ejemplo convencen a una velocidad y con una certeza envidiable. El 7 de agosto habrá varios de ellos convocados por 3 de las organizaciones patronales más representativas de Querétaro. Si no se le tiene temor a ser convencido de las cosas que importan, vale la pena asistir.   

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