25 / julio / 2021 | 17:51 hrs.

Empresario pulcro, empresa sucia

Gerardo Romero Altamirano

En el argot de los consultores y asesores empresariales es constante hacer referencia a la frase que dice: “empresa pobre, empresario rico”, con la cual se trata de describir al hombre o mujer de negocios que en lo personal lleva una vida de lujos, mientras que la empresa que representa sufre carencias de nivel tan básico como un trapeador en buenas condiciones para hacer la limpieza.

Más allá de evaluar en qué se gasten los dineros que finalmente han ganado con su trabajo o peor aún, atrevernos a emitir un juicio de valor “bueno o malo” sobre sus estrategias de negocios, nuestra intención es modificar la frase para que diciendo, “empresario pulcro, empresa sucia” nos lleve a un terreno donde sí podemos y debemos opinar.

Aclaremos también que al decir “sucia” no estamos abordando temas de limpieza al interior de la empresa como el polvo en la mesita o el piso lleno de lodo, sino a la forma en como tratan sus residuos, a las emisiones que hacen al medio ambiente y en general a su huella ecológica. Y aquí sí que tenemos derecho a enjuiciar, evaluar y hasta patalear si nos asiste la razón y se nos pega la gana. Me explico: cuando una empresa está portándose mal y tiene su maquinaria sin calibrar, cuando tira su basurita donde no debe, cuando usa vehículos que no cumplen con especificaciones o inclusive cuando utiliza proveedores irresponsables, ahí si nos está fastidiando a todos porque al final de cuentas vamos a respirar un aire más cancerígeno, vamos a bañarnos con agua más cargada de partículas o de plano vamos a perder espacios verdes.
No se vale que seamos empresarios o profesionistas que nos vestimos pulcramente y hasta nos peinemos con gomina, mientras nuestras empresas son una calamidad para el ambiente. Y conste que no usamos la palabra “planeta” porque entonces sentimos que el problema es de tantos que no podemos incidir en la solución; utilicemos la palabra “Querétaro” porque está clarísimo que nuestro clima de aquí y ahora se está deteriorando constantemente, para muestra los cambios de temperatura que sufrimos en un mismo día y su noche.

Querétaro era hasta hace unos años una entidad con crepúsculos alrededor en la que no estaba de moda hablar de contaminación, el tópico lo relacionábamos con la agenda mundial y con la capital (DF) donde hasta tuvieron que hacer un “hoy no circula” por la terrible calidad del aire.

Digamos que al medio ambiente le hacíamos “el fuchi” en la conversación porque nos resultaba ajeno, calificábamos de “intensas” a las personas que lo intentaban posicionar y de “raros” a los que reciclaban. Sin embargo la SEMARNAT en su informe 2012 ya nos decía que no estábamos tan bien como pensábamos y el Instituto Mexicano de la Competitividad en sus informes constantes nos reitera que un aire contaminado resta competitividad a las ciudades porque aumenta el costo de la salud pública y disminuye la productividad de las personas.
En resumen, un ambiente contaminado enferma más a la población y una población enferma es menos productiva. De tal suerte que si una empresa contamina, nos hace la travesura a toda la comunidad.

Hace 10 años que surgió el concepto de Desarrollo Sustentable y éste debería ser como los jeans: una moda que nunca se irá, un tema que no se dejará de lado en el entendido de que se debe seguir privilegiando el establecimiento de nuevas empresas, pero que todas ellas deben evolucionar y ser cada vez más responsables con el ambiente y con la sociedad. Esa es la jugada.

*Maestro en Arquitectura con estudios en Alta Dirección, Contexto Económico y Sustentabilidad. Más de 5 años desarrollando empresas.

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