Elecciones en el PRD

Arnulfo Moya Vargas

Gracias al nuevo estatuto jurídico que se deriva de la Ley de Partidos y la Reforma Política Electoral, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) ha convocado a un proceso inédito de elecciones de sus dirigentes por medio del voto directo de sus afiliados, en el cual el Instituto Nacional Elecciones (INE) será el encargado de administrarla en similares circunstancias a los procesos de elección de autoridades.

Este ejercicio viene a confirmar que el Partido de la Revolución Democrática, más allá de las críticas, en su mayoría fundadas, respecto de su insuficiencia en su papel de opositor, ahora sí restituye a la política del país.

Este proceso de elecciones primarias tiene un costo de 80 millones de pesos, en un presupuesto modesto comparado contra el enorme gasto que hacen los partidos dentro y fuera de las elecciones. Si se compara con el costo de la última elección interna —que fue de 8 millones— con su secuela de impugnaciones fundadas en su mayoría, parecería que a los perredistas nos sobra el dinero, sin embargo, dicha cantidad se localiza dentro de los alcances del presupuesto que el partido sin problema puede asumir, si quiere de una vez por todas resolver un problema básico de transmisión interna de poder, y en la lógica de un desmoronamiento que viven las oposiciones en el país.

Quienes militamos en el PRD consideramos que la elección directa, en algunos casos llamada primaria, viene a terminar con los centros de poder de las denominadas tribus o corrientes que han privatizado los órganos de dirección y de la representación política.

Considero que es un avance este ejercicio y será importante que el INE aplique el marco jurídico que rige para las elecciones constitucionales a fin de conservar el espíritu democrático de la apuesta reformadora, que tardíamente ahora emprende el señor Zambrano, como queriendo lavar su sentimiento de culpa por habernos endosado en sus avales al Presidente en el Pacto por México.

Hay quienes consideramos que este escenario de elecciones primarias con la regulación del INE permitirá una renovación generacional con el proyecto de Marcelo Ebrard, quien aunque pasa horas bajas por el affaire de la Línea Dorada, es el principal líder reformista que puede reconstruir un proyecto moderno y exitoso.

Por supuesto que será una elección difícil enmedio de la crisis ideológica y programática que vive la izquierda, máxime que no tendremos de nuestro lado la fuerza de los gobiernos federal ni estatal, quienes apostarían por la ratificación de la coalición que actualmente no dirige, sino que controla al partido y que estaría representada en su cabeza más visible en Jesús Navarrete, cuya personalidad y capacidad, así como simpatía no están en dudas, salvo que no es el dirigente que el partido necesita y que sea capaz de sustituir no al PRI sino a un régimen completo.

El gobierno estaría gustoso de un triunfo de Navarrete que vendría a hacer del PRD una versión satelital de jivarización de la oposición, y sería la puerta de entrada a que Morena y López Obrador dominen el espectro opositor con la correspondiente polarización, no sólo de la izquierda sino del país entero.

Para el caso de Querétaro, el triunfo de Los Chuchos implicaría la alianza directa con Acción Nacional como ya lo han hecho en elecciones pasadas dentro y fuera de Querétaro, por lo que sería muy grave que los perredistas permitieran que otra vez el gobierno les impusiera dirigentes a sueldo, como hasta ahora ha ocurrido.

No necesitamos una oposición oficial sino una alternativa de liderazgo espontáneo fundamentalmente ciudadana que construya un nuevo programa, es decir, tenemos que ir en esta elección contra el Partido de la Revolución Democrática tradicional.

En el mes de septiembre iremos a la elección que será la antesala para reconfigurar posiciones para el proceso del 2015. En Querétaro esperemos que el perredismo y el propio gobierno sepan entender muy bien, como decía Lenin, quienes son los verdaderos amigos del pueblo.

 

Abogado

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